El síndrome de Asperger afecta a un millar de personas en la comarca
Ponferrada acoge unas jornadas sobre el trastorno relacionado con el autismo.
La Casa de la Cultura acogió ayer la primera de las dos jornadas sobre el síndrome.
«No estoy enfermo. Simplemente soy diferente», cuenta Amparo Gavela, presidenta de la Asociación Síndrome de Asprerger y TGD’s de León (Asperle), que dice su hijo cada vez que alguine, de forma equivocada, se refiere al trastorno neurobiológico, emparentado con el autismo, que condiciona sus relaciones sociales. Con una prevalencia de un caso por cada 270 habitantes, en torno a un millar de personas s del Bierzo y Laciana están afectados por el síndrome, según las estimaciones de Asperle, que ayer abrió en la Casa de la Cultura de Ponferrada la primera de las dos jornadas dedicadas a darlo a conocer y, sobre todo, comprender de qué forma afectan a quienes han nacido con él o tienen a algún familiar diagnosticado.
Gavela explica con claridad en qué consiste el síndrome de Asperger y los equívocos que provoca a su alrededor. «Son niños que no diferencia la ironía y lo interpretan todo de forma literal. Si les dices que tienen tanta hambre que te comerías un caballo piensan que, efectivamente, te quieres comer un caballo». En un mundo sin metáforas, sin eufemismos, sin habilidades sociales, la ayuda de los psicólogos y de las terapias con profesionales es fundamental para ayudar a los afectados a desembolverse en la sociedad, aunque a veces también se anhonde en el equivoco. Y Gavela cuenta la anécdota del adolescente que, aleccionado por su psicólogo sobre la forma de iniciar una conversación en una fiesta —«vaya ambientazo que tenéis aquí», le recomendó que dijera— usó, ingenuamente, la misma expresión cuando tuvo que asistir a un funeral.
Gavela reconoce que sólo en los últimos años se está diagnosticando correctamente un trastorno que tiene un origen desconocido, pero con un fuerte componente genético y que en más de una ocasión se ha confundido con un trastrono bipolar, con la esquizofrenia o con comportamientos obsesivos porque las peronas con el síndrome de Asperger «nunca se cansan de saber de un tema», afirma Amparo Gavela. De ahí que haya menos adultos y sobre todo menos mujeres adultas —su papel secundario en la sociedad hasta hace unos años contribuía a mantener oculto el síndrome, advierte Gavela— a los que se les haya diganosticado el trastorno. «La incidencia está subiendo, porque hemos pasado de un caso por cada 700 personas a uno por cada 270. Eso significa un niño con síndrome de Asperger por cada aula», concluye Gavela.