memoria sobre raíles
La historia del tren se cuenta con locomotoras en miniatura
El Museo del Ferrocarril de Ponferrada acoge una muestra de piezas ferroviarias a escala en la que no falta la mítica 31 que tiraba del Correo.
María Antonia Gancedo, Roberto Alonso Enríquez y Javier García Bueso, en la exposición. L. DE LA MATA
maría carro | ponferrada
El Museo del Ferrocarril de Ponferrada incrementó ayer su atractivo con la incorporación de más de una veintena de piezas ferroviarias —locomotoras y vagones— realizadas a escala o en miniatura por Roberto Alonso Enríquez, un trabajador jubilado de la antigua Minero Siderúrgica de Ponferrada (MSP) que, tras abandonar el tajo, allá por 1994, inició una nueva actividad —esta vez más artesanal— que ha dado forma a una colección que cuenta con más de 20 locomotoras, algunas de ellas presentes en la exposición que permanecerá en la lonja del museo hasta el día 27 y otras repartidas entre familiares y amigos.
Latón, chapa, madera, estaño y alambre de cobre —previamente lijado, abrillantado y barnizado para conservar su brillo natural e imitar a las tuberías de las viejas locomotoras de vapor —han sido los materiales predominantes utilizados por este ex fogonero y maquinista que trabajó más de 40 años en la MSP para dar forma a sus locomotoras. Él mismo dice que no son a escala, sino que la medida está en su mente. Lejos de cualquier técnica, es la experiencia de su trabajo y la convivencia diaria que durante años mantuvo con las máquina lo que le permite diseñar en su mente cada prototipo y después llevarlo a lo material.
Ha sido el director de los museos de Ponferrada, Javier García Bueso, el artífice de estas exposición, el contacto director con el artesano de maquetas que, además, ha cedido cederlas al Ayuntamiento para su exposición permanente. «En mi casa se estaban llenado de polvo y era una pena que no se pudieran exhibir», consideró Roberto Alonso, detallando que ha echado una media de dos horas diarias en la realización de las piezas y que tarda alrededor de un mes en construir con sus propias manos una locomotora.
Entre las piezas expuestas estos días en el Museo del Ferrocarril —que ha ampliado sus horarios adecuándolos al de resto de museos de la ciudad— se encuentran la mítica 31 que remolcaba el tren Correo entre Ponferrada y Villablino, la PV 14, que hacía el mismo recorrido, con dos vagones de bordes clásicos en los que se transportaba madera y otras mercancías; o la 51, que hacía el servicio de Renfe.
No faltan tampoco réplicas a escala de locomotoras míticas como la denominada Cocodrilo, que circulaba de Ávila a Madrid, o la que hacía el trayecto León-Bilbao o la Alto, llegada de Estados Unidos y que funcionó por toda la red ferroviaria nacional. Pueden verse también la Mikado, la Montaña, varios vagones tolva que imitan a los que, en el siglo pasado, se utilizaban para el transporte de carbón; un coche de tercera de viajeros y un coche salón en el que viajaban los directivos de la MSP.
Todo, destacó la edil de Cultura, María Antonia Gancedo, entre una de las mejores muestras de locomotoras del mundo.