Escenarios de ficción

La maldición del oro romano

La novela del escritor leonés Javier Pérez ambientada en la época romana de Las Médulas recibe el respaldo de la institución comarcal.

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León

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C. FIDALGO | PONFERRADA

«Demasiado oro, demasiada sangre, demasiada niebla». Lo decía ayer el escritor Javier Pérez para referirse a la «maldición» que asola a todos los territorios que alguna vez han sido ricos en recursos naturales y que siempre han sufrido el expolio y el abandono una vez que se agotan. Y lo decía para referirse, claro, a las antiguas minas de oro romanas de Las Médulas, escenario de su novela Llara. La maldición de las águilas , que la editorial catalana Stella Maris publicó el año pasado.

Pérez, ganador del Premio Azorín en 2006 por su novela La crin de Damocles , pero con otros premios de narrativa en su trayectoria como el Ciudad de Badajoz y el Ateneo de Valladolid, estaba acostumbrado a ambientar sus tramas en épocas más recientes, como la Alemania de entreguerras y del auge del nazismo, o la Unión Soviética de las purgas de Stalin. Por eso el personaje de la muchacha astur Llara y el escenario histórico de Las Médulas han supuesto un cambio en su narrativa. Y ayer contó con el respaldo del Consejo del Bierzo, que se ha fijado en la ambientación del relato en la comarca tanto como en la trayectoria de su autor para dar a conocer su novela en la comarca donde transcurre en un acto donde Pérez estuvo arropado por el presidente de la institución, Gerardo Álvarez Courel, y por el vicepresidente, Iván Alonso, de quien partió la idea de dar relevancia a la historia de Llara.

La novela cuenta, explicó Pérez, el contraste entre el mundo más salvaje, pero también más libre, de los astures y el más avanzado, pero también más codicioso de los romanos. Y lo hace a través de la historia de amor entre una muchacha astur y un prefecto romano.

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Y como fondo, el escenario novelesco de Las Médulas, un paisaje que «parece víctima de un bombardeo», en palabras de Pérez, y cuyas formas arcillosas le llevaron a pensar en una maldición, «la de los derrotados que saben que la victoria no es posible, pero sólo les importa luchar hasta el último día», afirmó al rememorar un mundo donde Roma cobraba sus tributos con horas de trabajo en las minas de oro.