La lluvia ahoga el fuego iniciado en Fabero tras quemar 3.000 hectáreas
El balance es provisional a falta de una perimetración oficial pero el luto lo envuelve todo.
El negro de la ceniza y el olor a hollín envuelven la carretera que une Bárcena con San Pedro, dibujando una imagen dantesca. ANA F. BARREDO
maría carro | ponferrada
No hay consuelo en San Pedro de Paradela. Este pueblo del municipio de Fabero ha sido el más afectado por el incendio originado en Bárcena de la Abadía y que en las últimas horas ha quemado —a falta de una perimetración oficial y según los alcaldes — más de 3.000 hectáreas de terreno en los municipios de Fabero, Páramo del Sil y Peranzanes, llegando a amenazar seriamente no sólo a los vecinos de San Pedro, sino también a los de Fresnedelo y Argayo. Todos ellos fueron evacuados de sus viviendas durante la tarde del lunes por la cercanía de las llamas, pasaron la noche en vela y lejos de serenar su angustia, la luz de las primeras horas del día incrementó la tristeza generalizada, al comprobar que lo que antes era monte autóctono sembrado de castaños, robles y pinos; es hoy un desierto negro de ceniza.
El luto lo envuelve todo, como el olor a hollín, y sólo la lluvia que cayó con fuerza durante toda la mañana apaciguó la ansiedad ante un desastre natural de primer orden, el incendio más voraz de los registrados en la comunidad en lo que va de año. Tal fue su fuerza que aún ayer al mediodía, con el suelo ya calcinado y empapado por el agua, algunas columnas de humo se resistían a morir, obligando a los medios de extinción a mantener activa la alerta. Todos en el valle son conscientes de que la lluvia fue la gran aliada, ya que de persistir las altas temperaturas, la lucha contra las llamas sería cruda y difícil. Las lenguas de fuego saltaban de árbol en árbol sin ninguna complicación, cruzando no sólo las carreteras, sino también el río. «Esto no hay dinero que lo pague», aseguró ayer el alcalde de Páramo, Ángel Calvo, ensalzando la labor de los medios de extinción y pidiendo a la Guardia Civil que «multiplique sus esfuerzos para pillar al sinvergüenza que ha provocado este desastre». «Las llama avanzaban kilómetros en décimas de segundo, no había cortafuegos ni nada que pudiera pararlas», ahondó el regidor de Peranzanes, Vicente Díaz.
Hasta las 7.00 de la mañana permanecieron los vecinos de San Pedro de Paradela en la calle. Allí nadie podía dormir después de ver como el fuego arrasó un pajar y una nave de aperos de labranza en cuestión de minutos, quedando a tan sólo unos pasos de las casas habitadas. La suerte corrió de su parte pese a la desgracia que se cebó con el entorno. Según el pedáneo de este pueblo, Manuel Ruiz, fue la labor de los bomberos de Ponferrada y la de los propios residentes la que permitió controlar las llamas al pie de la casas. En este núcleo poblacional de tan sólo una decena de vecinos había ayer cierto descontento porque «ni un solo helicóptero echó aquí un cubo de agua», aseguró el pedáneo. Se sintieron solos ante el peligro, como solos se han quedado también en la reivindicación constante que en los últimos meses venía haciendo la junta vecinal —siempre según el testimonio de su presidente— para desbrozar y limpiar los montes que rodean el pueblo. La maleza había ganado terreno y sabían que de haber un fuego, las consecuencias podían ser brutales. Y así ha sido, las llamas no han respetado siquiera la paz de los muertos.
El valor de lo que ardió es incalculable y no sólo natural, sino también económico. En Argayo, el fuego calcinó «el mejor núcleo de castañas del municipio de Páramo», aseguró su alcalde. Una fuente importante de ingresos para los vecinos de la zona. Lo mismo ha pasado en San Pedro. Allí pocos castaños quedaron en pie. La red de telefonía ha quedado inutilizada y la alcaldesa de Fabero, Mari Paz Martínez, emitió un bando aconsejando a los vecinos que no utilicen el agua para consumo humano hasta nuevo aviso. Precisamente, Martínez anunció ayer su intención de solicitar ayudas extraordinarias a la Junta de Castilla y León para paliar los daños causados tanto en el monte como en las propiedades de los vecinos de San Pedro.
Agua a raudales
El agua que ayer dio aliento a la zona afectada por el fuego causó también problemas en Ponferrada. Atascos en alcantarillas que obligaron a los bomberos a actuar en varios puntos de la capital berciana.