La Reserva de la Biosfera impulsa en Vega las sociedades de castañicultores

Aborda las posibilidades de aprovechamiento económico con una jornada informativa.

Imagen de archivo de dos mujeres recogiendo castañas en un soto del Bierzo. L. DE LA MATA

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León

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C. FIDALGO | PONFERRADA

Una cooperativa, una sociedad agraria de transformación, una asociación comercial. Son algunas de las alternativas para mejorar el aprovechamiento económico del sector de la castaña que la Reserva de la Biosfera de Los Ancares dio a conocer ayer entre los dueños de sotos de la zona con una jornada informativa en Vega de Espinareda. El encuentro, que tuvo lugar en la Casa de la Cultura, sirvió para sondear a los castañicultores en busca de fórmulas que les permitan vender directamente el producto, sin necesidad de intermediarios, y conocer la experiencia de la Asociación Tres Valles, que aglutina a cultivadores de Vega de Valcarce, Balboa y Barjas, en el Bierzo Oeste.

«Los castañicultores de la Reserva siempre nos han mostrado su inquietud por la venta directa y los precios del producto sin intermediarios y ahora les informamos de las fórmulas colectivas de aprovechamiento económico que existen», explicó la asesora de la Reserva de la Biosfera Nuria Alonso.

La jornada sirvió para que el responsable técnico de la Marca de Garantía de la Castaña del Bierzo Pablo Linares pusiera en valor las posibilidades del producto en los Ancares, para que la Asociación Tres Valles compartiera su experiencia y sobre todo para que la licenciada en Derecho María Ramón, de la cooperativa Social Soluciones informara de las figuras jurídicas y económicas que los castañicultores pueden crear para crear riqueza en torno a la castaña y distribuirla sin los límites que imponen los minifundios, y de la nueva economía social que poco a poco se va haciendo hueco. «Se trata de optimizar recursos y costes y ser más eficaces. De participar y repartir los beneficios en función del trabajo desarrollado y no del capital que se aporte», explicó. Los castañicultores tendría así la opción de aportar sotos, aportar sotos y trabajo en la cooperativa o asociación, o alquilar los castaños para que los trabaje otro, aunque no sea propietario y crear así empleo en el Régimen General de la Seguridad Social.

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María Ramón entiende que la fórmula del asociacionismo necesita tiempo para calar en todas las zonas rurales, donde los límites de la propiedad de los sotos están muy difuminados, pero insistió en que «el minifundio no tiene futuro», con 18.00 hectáreas «las posibilidades del castaño en el Bierzo son brutales» y «si los castañicultores no se asocian, vendrá otro de fuera y se quedará con el valor añadido», advirtió.