■ Consumado el cierre de la última oficina bancaria de Matarrosa
j. c. f. | Ponferrada
Tal y como estaba marcado en el calendario, el primer día de marzo trajo consigo el anunciado cierre de la última oficina bancaria de la localidad de Matarrosa del Sil. «Desde primera hora de la mañana han estado dos furgonetas desmantelando la sucursal», lamentaba el alcalde de Toreno, Laureano González tras comprobar que las medidas emprendidas por los vecinos y el consistorio —concentraciones a la puerta de la sucursal o la celebración de un pleno monográfico de rechazo al cierre en la localidad— no habían conseguido el efecto deseado.
Así las cosas, el regidor de Toreno, tras reconocer que «más no podemos hacer, es una empresa privada», manifestaba que ahora lo que les queda «es estar vigilantes para que, al menos cumplan con el compromiso que han adquirido de que dos veces por semana van a trasladar una oficina móvil a Matarrosa para atender a los vecinos». Y es que el temor expresado por González es que tras unos primeros meses desarrollando esta acción, con el paso del tiempo la entidad bancaria dedica prescindir también de este servicio.
Por lo que respecta a dos trabajadores que tenían su puesto de trabajo en esta oficina, según apuntó el alcalde de Toreno, «uno ha sido trasladado a la sucursal de Toreno, mientras que el otro creemos que los van a destinar a alguna oficina de Ponferrada».
El cierre de esta oficina bancaria, la última de una población que llegó a ser de las más importantes del Bierzo en los momentos de auge de la minería del carbón, pone los focos sobre una realidad como es la de declive minero y el de las cuencas del carbón.
En este sentido, el temor expresado por los vecinos de Matarrosa es que el cierre de esta sucursal bancaria, más allá de los trastorno propios que ocasione a los usuarios, es que se entre en una espiral a la que se sumen establecimientos. «Si tienen que ir a Toreno a sacar dinero, ya aprovecharán y harán la compra allí con lo que el comercio local se va a resentir», repetían los vecinos en el transcurso de la última movilización que realizaron. A este temor habría que sumar la sospecha de que la misma suerte puedan correr servicos básicos como el consultorio médico o la escuela.