CRISTINA SANTÍN UNIVERSIDAD DE sWANSEA

«No hay terrorismo medioambiental detrás del fuego»

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León

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c. fidalgo | PONFERRADA

«No hay terrorismo medioambiental», afirma la doctora en Biología de la universidad galesa de Swansea y experta en incendios forestales, la berciana Cristina Santín, cuando, una vez más, le hacen la eterna pregunta de quién quema el monte. Nacida en Ponferrada y establecida en el Reino Unido, Santín ofreció ayer una charla para abrir la segunda jornada de las actividades del Día Internacional de los Bosques en la Escuela de Ingeniería Agraria y Forestal del Campus de Ponferrada. Y dejó claro que el perfil más frecuente del incendiario no responde a la idea de ningún terrorista, muy pocas veces a la de lo que se entiende por un pirómano —un enfermo mental al que le gusta prender fuego— y tampoco es lo más habitual que la causa sea la especulación del suelo o la madera.

«El fuego es una parte de la cultura rural», afirma, en referencia al Bierzo y a Galicia, sobre todo, donde todavía «hay un cultura del fuego que tenía su sentido», no en vano «el fuego fue la primera herramienta que permitió al hombre transformar el paisaje», pero que «se ha perdido en parte» y hoy la gente que todavía vive en los pueblos «ni tiene los conocimientos ni las herramientas» para emplearlo como se hacía antes y mantenerlo bajo control. «Hoy prenden y se van», insiste, para evitarse problemas con la Justicia. Y ahí empiezan los problemas para el monte.

Cristina Santín tiene claro que «prohibir totalmente el uso del fuego no es la solución» para atajar los incendios forestales porque en los pueblos se continuará empleándolo para limpiar el monte, regenerar pastos o mover la caza, principales causas de los incendios, de forma cada vez más clandestina. Las generaciones anteriores, cuenta, estaban pendientes del fuego cada vez que lo encendían, para mantenerlo controlado. Hoy abandonan la zona donde han prendido enseguida para evitar las penas por el delito de incendios, pero sin dejar por ello de prender.

Impunidad

Santín tampoco cree que los problemas para condenar a los incendiarios en los tribunales se deben a una falta de concienciación de los jueces. La legislación castiga con dureza el delito, pero «reunir pruebas es muy complicado». Tanto como obtener testimonios incriminatorios. En los pueblos «muchas veces todo el mundo sabe quién es el que ha prendido, pero no se ponen a denunciar a su vecino porque se le haya pasado el fuego».

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La solución a la lacra de los incendios debe pasar, opina, por involucrar a los habitantes de los pueblos en la gestión del monte. Poner en marcha «medidas proactivas que partan de ellos». Porque no se puede imponer desde fuera un cambio radical si no se cuenta con el mundo rural.