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Mestre presenta el poemario de Nicanor García ‘Después de todo’

Acompañará al autor este viernes en la Casa de León en Madrid.

Nicanor García Ordiz. DL

Ponferrada

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Trasnochan las larvas del miedo/ para seducir las úlceras/ de las quimeras, escribe Nicanor Gacía Ordiz en uno de los poemas de Después de todo, su primer poemario después de tres libros de narrativa y cientos de horas nocturnas de radio en la emisora FM Bierzo de Bembibre. Y dice más: Ahondan en los pliegues del sueño,/ donde las afonías se convierten/ en caminos desandados./ Saben del ánimo de la duda,/ los despertares punzantes,/ de la savia inútil,/ de los mares cansados.

«Nicanor conoce los mapas de la pasión, aquellos por donde camina el ciego de luz y también el visionario en la oscuridad», escribe de él en el prólogo Juan Carlos Mestre, el poeta villafranquino Premio Nacional de Poesía y de la Critica que este viernes le acompañará en la Casa de León en Madrid a las 19.30 horas para dar a conocer sus versos junto al editor de Eolas, Héctor Escobar, y la cantautora Lucía de Anta.

«Es un libro sobre el enamoramiento y desamor», dice de sí mismo tanto como de su obra el poeta cuando le preguntan por el título de su primer poemario. Porque Después de todo está divido en dos partes: Todo y Nada, para marcar el durante y el después del amor. Por eso la parte de la Nada, la de la desolación y la pérdida, ocupa más espacio que la del Todo, explica el autor .

Nicanor García Ordiz, asturiano de Langreo reconvertido en berciano de Bembibre desde hace años, empezó a escribir deslumbrado por la historia que Raúl Guerra Garrido narraba en El año del wólfram. Así nacieron dos novelas, Todas las horas hieren (1995) y Razones de la sinrazón (1996), el libro de relatos Jilgueros en los ojos (2009) y los retratos literarios de la sección ‘Carboncillo y pluma’ de Bembibre Digital. Pero los noctámbulos que le escuchan los domingos en el programa ‘Noches de Luna’ saben que a Nicanor le tira la poesía. Salinas, Neruda, Gamoneda, Lanseros son sus referentes junto a Mestre, que nos advierte de que «en cada poema de Nicanor hay una casa para las luciérnagas y un desván para los murciélagos».

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