efeméride

Cuarenta años del encierro en el Pozo Julia

El cronista de Fabero Manuel Enríquez, ayer ante el Pozo Julia donde en 1979 se produjo uno de los encierros más famosos de la historia de la minería berciana. Enríquez prepara un libro sobre la historia de Fabero en la era del carbón, desde el año 1933 (

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Manuel enríquez corresponsal de entre 1986 y 2011
León

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T al día como ayer, el 8 de junio de 1979, noventa mineros se encerraron el Pozo Julia, reteniendo a dos ingenieros técnicos, Joaquín Otero Fernández y Luis Otero Fidalgo, al ingeniero de la empresa, Cesar Luis Moro y al jefe de la Sección de Minas de la Delegación Provincial de Industria, Hernán Massip, mientras que el resto de la plantilla y los vecinos de Fabero protagonizaban diversas medidas de presión en apoyo de los encerrados y en busca de una solución al impago de nóminas.

Los miembros del Comité de Empresa organizaban en la boca del pozo, el servicio de intendencia de los encerrados a doscientos setenta metros de profundidad. Cesar López Rodríguez del sindicato minero de UGT y Honorino de la Concepción de CC OO se encargaban de informar y velar por el bienestar de los encerrados así como de organizar las duras horas del encierro. Organizaron a los noventa encerrados en grupos, nombrando un responsable de cada uno de ellos para llevar a efecto diversas actividades tanto para mantener alta la moral de los encerrados como para realizar las tareas necesarias para una convivencia organizada en un espacio limitado. El teléfono era el único medio de contacto de los encerrados con el exterior. La jaula se movía tan solo para hacer llegar a los encerrados las tres comidas que hacían al día y el material requerido por los encerrados para combatir la humedad del pozo. También se movía, para que tres veces al día, bajase el médico de la empresa, Don Claudio Peláez Vega acompañado del auxiliar de enfermería, Antonio Moldes Franco para velar por la salud del técnico de minas, Hernán Massip, que padecía una dolencia crónica, así como de la del resto de los encerrados entre los que había una treintena de silicóticos y una docena de mineros con dolencias estomacales

El motivo de este encierro tan numeroso de trabajadores, fue el impago de salarios a la plantilla. Antracitas de Fabero sufría una grave crisis desde agosto de 1978, fecha en que había presentado suspensión de pagos declarando un pasivo de 659 millones de pesetas. Dicha petición de suspensión no fue aceptada por las autoridades mineras, cerrándose en falso el problema que se reprodujo en el marzo de 1979 con el impago de nóminas. Llevando a los mineros a aprovechar la presencia en el interior del pozo de los técnicos de la empresa y del jefe de la Sección de Minas de la Delegación Provincial de Industria para espontáneamente encerrase en el pozo, protagonizando el mayor encierro de la historia de la minería de León.

El encierro duró seis días concluyendo el 14 de junio tras haber aceptado los trabajadores la promesa de la administración de hacer efectivos a partir del día 16, los salarios de abril y mayo con cargo al Fondo de Garantía Salarial, saldando así la totalidad de las deudas de la empresa para con los trabajadores ya que la mensualidad de marzo había comenzado a pagarse el día 13 de junio. Tanto la empresa como el Gobierno Civil se habían comprometido a no emprender ningún tipo de acción judicial contra los encerrados. Además, dicho encierro sirvió para resolver además, el pago de las nominas adeudas a los trabajadores del resto de las empresas mineras del Bierzo al recibir de Endesa ochocientos millones de pesetas que adeudaba a dichas empresas.

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