TURISMO ACCESIBLE

La vuelta al mundo de un soñador con sordoceguera

Un tumor cerebral le cambió la vida, pero no las ganas de vivir y recorre el mundo promoviendo un turismo accesible. El malagueño de los mil viajes, que está estos días en el Bierzo, insiste en que la accesibilidad no es solo poner una rampa en la puerta

Felipe Gutiérrez posa frente a las vistas que ofrece el columpio de Librán. DL

Ponferrada

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A Felipe Gutiérrez, un tumor cerebral le cambió la vida con 33 años, pero no las ganas de vivir. Perdió la vista del ojo derecho y el 50% de la visión en el izquierdo. Tampoco escucha nada por uno de sus oídos, pero tiene íntegros el resto de los sentidos y sentir es lo que ha hecho desde que decidió recorrer el mundo para demostrarse a sí mismo que los límites los pone el miedo. Estos días está en el Bierzo.

El plan inicial de este malagueño era descubrir la comarca junto a una viajera austriaca con distrofia muscular que tuvo que cancelar el viaje por motivos personales. Promover un turismo accesible y reivindicar todo lo que queda por hacer en este sentido es objetivo de ambos, aunque esta vez lo ha hecho solo. Y solo viaja casi siempre. De hecho, en marzo regresó a España tras seis meses recorriendo Venezuela y Colombia. En su cuaderno de bitácora, está recogido ya el paso por unos 30 países; aunque esto no es más que una aproximación, porque asegura que nunca se ha parado a contarlos.

Felipe Gutiérrez en la cascada El Cervezón de San Pedro Mallo (Toreno). DL

«Muchos piensan que viajar es algo que no está hecho para personas con discapacidad y sí lo está. Solo hay que organizarse y buscar destinos y alojamientos acordes a las necesidades de uno. Y lo más importante, quitarse los miedos y barreras mentales que nosotros mismos nos ponemos», asegura Felipe, que ha empezado descubriendo el Bierzo por donde no suele hacerlo la mayoría. Esa es su regla, no acudir siempre o no siempre primero a donde manda la multitud.

La cascada El Cervezón de San Pedro Mallo, el columbio de Librán y Fabero ya figuran entre los destinos sentidos por un viajero empedernido que se dedica a «viajar por el mundo de una forma muy lenta, por países remotos y lejos de las zonas turísticas», como él mismo lo describe. Es justamente lo mismo que hace la otra viajera berciana que esta vez ha hecho de guía en casa. Acostumbrada a abrir las puertas de Oriente Medio a quienes sin su empuje no serían capaces de hacerlo, sobre todo mujeres, Paula Belenda ha acompañado a Felipe en su primera incursión en el Bierzo. «Esta tierra me ha enamorado y sus vinos, más todavía», asegura él.

Muchos piensan que viajar es algo que no está hecho para personas con discapacidad y sí lo está. Solo hay que organizarse y buscar destinos y alojamientos acordes a las necesidades de uno. Y lo más importante, quitarse los miedos y barreras mentales 

Tras el cáncer, «empecé a ver y oír la vida de una forma muy particular», explica Felipe Gutiérrez. Pasó de trabajar en el aeropuerto de Málaga a pisar los de medio mundo y no en todos los destinos, al experiencia ha sido igual. 

«En general, el sector turístico está poco concienciado en materia de accesibilidad. Va por buen camino, pero aún le queda mucho que mejorar. Accesibilidad no es solo poner una rampa en la puerta», asegura este viajero malagueño, haciendo especial hincapié en «la falta de empresas que ofrecen sus servicios especializados a personas con discapacidad, asesorándolas en alojamientos adaptados y actividades que puedan hacer o, incluso, organizándolas».

Felipe lamenta que la oferta de alojamientos adaptados es «muy escasa» y asegura que «si hubiera más, las personas con discapacidad viajarían sin temor». En todo caso, el malagueño reconoce que, en un contexto mundial, «España es un país con un nivel de accesibilidad muy alto». La peor experiencia la ha vivido en África. «En Tanzania tuve momentos de mucho estrés», explica.

Felipe Gutiérrez y la viajera berciana Paula Belenda, en el Palacio de Canedo. DL

La falta de recursos turísticos adaptadas es un problema para quienes tiene alguna discapacidad y, a veces, también la falta de empatía. «En mi día a día, el principal inconveniente es la falta de conocimiento de algunas personas sobre cómo tratar o ayudar a alguien con discapacidad visual. Muchos intentan ayudar con muy buena intención, pero lo hacen de una manera equivocada», relata. «Lo más fácil es preguntar en qué le puedo ayudar. Así de sencillo», responde.

Para Felipe Gutiérrez solo hay una herramienta «imprescindible», su bastón de movilidad: «Se ha convertido en una ampliación de mi cuerpo y reconozco que no podría viajar sin él». También utiliza audífonos que «me ayuda a corregir mi pérdida de audición». «Estas dos son mis herramientas fundamentales. El resto es todo ponerse», afirma.

En general, el sector turístico está poco concienciado en materia de accesibilidad. Va por buen camino, pero aún le queda mucho que mejorar. Accesibilidad no es solo poner una rampa en la puerta

De su paso por el Bierzo confía en que sirva de espejo para otros que, como él, viajen de manera diferente. «Este viaje quiero que sirva para mostrar a las personas con discapacidad que el Bierzo también es apto para todos los públicos. Mostrar la accesibilidad que tienen sus museos y monumentos e, incluso, hacer rutas accesibles por la montaña,  para así dar más visibilidad al turismo accesible y sensibilizar al resto de la sociedad en hacer sus ciudades y pueblos más inclusivas», subraya este viajero empedernido y soñador al que la sordoceguera no ha conseguido poner freno.

Antes de llegar al Bierzo, Felipe pasó por Astorga. DL

Felipe no lo oculta. Prefiere viajar solo: «Mi forma de viajar es lenta y muy disfrutona del momento. Además, por mi forma de ver el mundo, necesito mi tiempo para hacer las cosas y si voy en grupo o con más personas, ya no disfruto tanto, porque voy más pendiente de ellos que del lugar».

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En todo caso, esa soledad elegida para descubrir el mundo a su manera no siempre es continua. «La gente me ve con el bastón y me ayuda una barbaridad. Eso hace mucho en los viajes, el saber que siempre voy a encontrar a gente buena dispuesta a ayudar me da seguridad», afirma el malagueño que ya conoce a los bercianos. «Lo primero que me ha enganchado de esta tierra ha sido el cariño y la hospitalidad de su gente, que me ha hecho sentir como en casa», dice.