El recuerdo de la Ponferrada minera
En la actualidad tan solo quedan pequeñas marcas de caminos olvidados, que en ocasiones han sido sustituidos por carreteras convencionales, incluso por nacionales, de lo que fue el trazado del tren correo. En muchos de los lugares ya no se diferencia donde se situaban las estaciones. Incluso en San Andrés de Montejos, la zona en la que se encontraba la estación está repleta de vegetación, que dejan en evidencia el abandono que han sufrido los caminos olvidados por los que transitaba el Ponfeblino. Uno de los vestigios más visibles es la antigua caseta del factor de circulación, cercano al punto de unión entre la línea principal y el lugar de arranque del ramal a los descargaderos de carbón.
Años atrás, se conservaba una isleta central en la avenida Galicia en el tramo entre Ponferrada y Cuatrovientos, rastro del paso a nivel que se situaba en la antigua carretera Nacional VI. Poco a poco las últimas construcciones van desapareciendo, y con él, los recuerdos de la Ponferrada minera.
Hoy en día, la calle Los Luceros en el barrio de Cuatrovientos, por donde trazaba el ferrocarril, se conserva como un camino transitable que permite llegar hasta el canal. Más adelante, se conserva el camino, pero este es de tierra. El trazado llega hasta el canal, donde existe un cruce a nivel en el que es posible observar un pequeño tramo de raíl, que sobrevive a pesar del paso de los años.
Por la zona entre Cuatrovientos y Columbrianos, muchos de los caminos vecinales conservan restos de vías o simples marcas en los que es posible percibir el recorrido del tren minero. Muchos de estos restos de las vías están cubiertos por asfalto en carreteras de ambos barrios. Algunos tramos de estos carriles fueron levantados hace varios años con el fin de reasfaltar la superficie.
La idea de volver a recuperar lo antiguo es esperanzadora. Quizá el Ponfeblino sea una metáfora de los tiempos prósperos de actividad económica e industrial de los que tanto se acuerdan los bercianos, quienes ven que el Ponfeblino puede ser, como dice Lanuza, una manera de que la comarca prospere y deje de pertenecer a la «España vaciándose» para nunca ser la «España vaciada».