Alvariño visita su obra escultórica y aconseja limpiar el Caballero Templario

El autor de obras como el Barquillero o el busto de Luis del Olmo trabaja en otros encargos

Óscar Alvariño Belinchón, delante del Caballero Templario, una de sus obras en Ponferrada. M. F.

Ponferrada

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El nombre de Óscar Alvariño Belinchón seguro que a varios ponferradinos o bercianos les dice poco. Unos cuantos serán los que no sabrían ubicarlo en el espacio que por mérito ya le corresponde en la pequeña historia de la ciudad, de la capital del Bierzo. Pero, —con toda certeza— los de aquí saben situar la entrañable estatua de Pepe el Barquillero (dedicada a la memoria de José Cortés) en la plaza del Ayuntamiento; el busto de Luis del Olmo en la plaza de acceso al puente García Ojeda en dirección al castillo; y también la del Caballero Templario, la imponente estampa ecuestre que preside la glorieta del mismo nombre y que enlaza el barrio del Temple y el de la Estación con el corazón del casco urbano.

Pues bien, el escultor que creó en bronce la estatua del Barquillero, la del Caballero Templario y el busto de Luis del Olmo es el reconocido Óscar Alvariño Belinchón, que tiene su taller de trabajo en la sierra de Guadarrama, en Madrid, y que acaba de estar en Ponferrada para echar un vistazo al estado de sus trabajos y, a la vez, gestionar otros encargos que tiene por España.

Alvariño Belinchón habló para este periódico. Confiesa el artista que viajó a Ponferrada por que cuenta con otros proyectos ecuestres a la vista y ha aprovechado para saludar a amigos en el Bierzo —en especial al hostelero Alberto Villaverde— y volver a ver cómo se encuentra el ámbito escultórico.

«Ponferrada ha cambiado mucho, ha mejorado notablemente desde aquellos años. Tiene más aspecto de ciudad, más ordenada, más urbanizada. Y en cuanto al estado de las obras hechas aquí, he seguido más al Barquillero porque me envían muchos selfis . Es una pieza muy tocada, muy manoseada, muy acariciada con respeto y es una pieza que está francamente bien de patina», resalta.

También habla del Caballero Templario y, sin ánimo de generar ningún tipo de polémica, da un consejo: «Es cierto que la del templario, al estar en medio de la rotonda y no tener acceso a ella la patina está un poco opaca, no está transparente y necesita una limpieza; igual que el tema de las palomas, que tiene excrementos en el cuello. Es una pieza importante, pero está un poco sorda. Eso significa que la superficie está solarizada, está un poco monocroma, parda, un poco polvorienta. Ahí se podría hacer una limpieza y quedaba fantástica, con un mantenimiento cada dos años, con agua a presión y agua jabonosa, y limpiarla con un poco de cera».

Habitualmente trabaja en bronce, pero también da vida creativa a la piedra y madera. «Cada proyecto en piedra, en madera, en bronce, en acero inoxidable, en cordel, es un nuevo reto que te enriquece y motiva para nuevos desarrollos. No me gusta quedarme siempre trabajando en lo mismo sistemáticamente porque esté cómodo, si no que en ocasiones hay que estar de manera muy incómoda para ampliar y desarrollarse», explica la situación, como una pelea continua con los volúmenes. Cuenta que está encantado por las reacciones de gran humanidad, cercanía y familiaridad que ha desencadenado desde su inauguración, en octubre de 2001 (hace ya 22 años), la figura del Barquillero. «Es especial, te llena el corazón», siente.

Sobre el Caballero Templario relata que ha tenido una mayor repercusión fuera de las fronteras españolas, en otros países de Europa y especialmente en Estados Unidos. «Y eso, porque es una figura ecuestre muy interesante, compleja en la manera de cómo apoya el caballo en la diagonal, en una mano y en un pie; sólo en la diagonal con todo el peso que tienen las gualdrapas y demás, que vino a ser una tonelada y media más que lo que suele pesar una figura ecuestre normal, mientras que el menudillo y la caña del caballo sigue teniendo la misma sección. Había que conseguir mucha resistencia en el mismo espacio y diámetro de estructura. En el aspecto escultórico, en Estados Unidos tienen una idea de la figuración no represiva o acomplejada como aquí. Aquí se llega a la historia y a la política y ahí aparecen los problemas. Esto no tiene que ver con la política ni con nada», manifiesta.

En el trabajo de este escultor manda la figuración. «En general, hay mucho complejo. Del siglo XX para acá y en la actualidad hay como una vuelta a la figuración, en el sentido de que se asociaba figuración a clasicismo, a aburrido, a antiguo, a caduco, a pasado de moda, a facha, a pasado de moda, etcétera. A mí, esos adjetivos no me interesan lo más mínimo y procuro disfrutar con la escultura y hay alguna escultura constructiva abstracta por completo que se basa y bebe de las mismas fuentes que bebe la figurativa, en la que hay que dominar la técnica. Un músico no puede negar el solfeo», ejemplifica.

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En proyecto tiene obras para Salamanca. Acaba de terminar para la misma ciudad un medallón en piedra del rey Alfonso IX. Tiene otra pieza monumental de cuatro metros para el cementerio de Ávila, así como encargos de colecciones particulares.