Historias con historia

El presidente de Estados Unidos que pisó el Bierzo

Solo Bilbao ha recordado el viaje del John Adams por el norte de España hace 245 años

Imagen de John Adams.DL

Ponferrada

Creado:

Actualizado:

Donald John Trump (nacido el 14 de junio de 1946) es el 47.º presidente de los Estados Unidos. Y fue también el 45.º entre 2017 y 2021. John Adams fue el segundo entre 1797 a 1801 y curiosamente su hijo lo fue también, de 1825 a 1829. En España no tiene grandes reconocimientos salvo una escultura en Bilbao, que recuerda aquel viaje en la confluencia de las calles Diputación y Gran Vía, junto al Palacio de la Diputación. Antes había pasado por tierras bercianas.

Y es que John Adams (1735-1826) fue la segunda persona que ocupó la Presidencia de los Estados Unidos después de ser vicepresidente con George Washington, que gobernó ocho años. Nacido el 30 de octubre de 1735 en Braintree, Massachusetts, John pasó su infancia en la granja familiar. Asistió a una escuela de latín, y luego comenzó sus estudios en Harvard. a los quince años. Tras rechazar una carrera como ministro, trabajó como maestro antes de estudiar derecho. Una vez establecido su bufete de abogados, se casó con Abigail Smith en 1764. Durante los siguientes cincuenta años, criaron cuatro hijos, viajaron por todo el mundo y forjaron una notable alianza.

Esta reseña encabeza su biografía en la página web de la Casa Blanca. Adams fue presidente de Estados Unidos entre el 4 de noviembre de 1797 y el 4 de noviembre de 1801. Antes, en 1778, el Congreso envió a Adams a Francia y luego a los Países Bajos. Durante su estancia en La Haya, obtuvo un préstamo crucial y abrió los Países Bajos al comercio estadounidense. Adams, junto con Benjamin Franklin, John Jay y Henry Laurens, ayudó a negociar el Tratado de París, que puso fin a la Guerra de la Independencia. Durante este tiempo, Adams regresó a su hogar en Massachusetts solo una vez. En esta visita, Adams redactó la constitución del estado de Massachusetts, la constitución estatal de mayor vigencia del país.

Son datos a tener en cuenta antes de contar su relación con el Bierzo, que viene porque Adams llevó toda la vida un diario. Allí anotó todo; también sus viajes por Europa, y concretamente por España. El 15 de noviembre de 1779, partió de Boston en la fragata francesa Sensible para iniciar un accidentado viaje que debería haber culminado en Francia, pero que finalizó en el Ferrol debido a una vía de agua que obligó a entrar el buque de arribada en el puerto gallego, contó el historiador Roberto Fuertes Manjón en un artítulo publicado en la revista Argutorio en el año 2020. Vino acompañado de su primo y hombre de confianza, el abogado John Thaxter, y de sus dos hijos, John, que acababa de cumplir 12 años y que llegaría a ser el sexto presidente de los Estados Unidos, y Charles, de 9 años. «Ante la perspectiva de tener que permanecer varios meses en Ferrol hasta que la fragata fuera reparada, decidió dirigirse a París directamente a través del norte de España en pleno invierno. La importancia y urgencia de las misiones que el Congreso Constituyente americano le encargó, entre las que destacaban negociar préstamos con la banca holandesa, obtener el reconocimiento del nuevo país norteamericano en Europa y preparar las negociaciones del Tratado de Paz de París, le obligaron a tomar esta determinación».

Y así fue como John Adams comenzó su viaje, cuya transcripción se puede localizar en el Archivo de los Estados Unidos, el mismo donde ahora se han desclasificado los papeles secretos del asesinato de John Kennedy.

Al Bierzo llegó el 1 de enero de 1780. «Llegamos a Villa Franca, a siete leguas. El camino al principio era muy malo: pendientes empinadas y abruptas, rocas irregulares, etc. Luego llegamos al Camino de León, que parece estar hecho de roca. Era un camino excelente para una legua y media. Luego llegamos a un río y recorrimos sus orillas durante varias leguas. Este camino era tan malo como bueno el otro: pantanoso, rocoso, con subidas y bajadas, hasta que encontramos un nuevo camino, a unas dos leguas de Villa Franca. Aquí encontramos un camino, de nuevo construido completamente con arte, con un gasto inmenso, pero que parece estar construido para siempre. Continúan las obras. Esta obra es un honor para la nación. Demuestra que se están implementando mejoras y que se presta atención a la comodidad, la conveniencia, la utilidad, el comercio, etc. de la gente», escribe Adams en el diario.

Y continúa: «El país que hemos recorrido hoy es la mayor curiosidad que jamás haya visto: una sucesión ininterrumpida de montañas de gran altura. El río Barcárcel —lo escribe con B— fluye entre dos hileras de montañas, elevándose a cada lado hasta una inmensa altura. Objetos grandiosos, sublimes y sobrecogedores, sin embargo, cultivados hasta sus cumbres más altas. Hay campos de trigo florecientes en declives tan pronunciados, cerca de las cimas de las montañas, que no concibo que caballos o ganado puedan arar en ellos. Hay que hacerlo con mulas, y ni siquiera sé cómo podrían hacerlo ni ellas ni los hombres».

Y sigue: «Hasta ahora, las casas son uniformemente iguales en todo el país: viviendas comunes para hombres y animales. Los mismos agujeros sucios y humeantes. No he visto ni una sola casa decente en La Coruña. Pasamos este día, las ruinas de un antiguo castillo de los moros, en la cima de una de las montañas más escarpadas, más altas y más escarpadas. En Villa Franca hay tres iglesias parroquiales, un convento de hombres y uno de mujeres. Hay un antiguo castillo de ladrillo construido en la época feudal, cuando los señores estaban en guerra, una defensa contra lanzas, arcos y flechas, y nada más, posiblemente contra balas de mosquete. Esta tarde compré una mula, silla de montar, bridas, etc. por 62 dólares y medio».

Cargando contenidos...

Al día siguiente, Adams llegó a Ponferrada: «Cenamos en Ponferrada. Pasamos por varios pueblos y cruzamos puentes y ríos. Pasamos Campo de Narraya, Cacabelos, Río Puente y Ponferrada, donde cenamos. El paisaje se vuelve más llano». Desde allí, partió al día siguiente para Astorga. A pesar de ser tratado con extrema cordialidad por las autoridades españolas en Ferrol y La Coruña, John Adams mostró su desdén por las ciudades y sus gentes, sostiene Roberto Fuertes, en la publicación.