El origen de la industria conservera del Bierzo está en un motor de lavadora y la mano de un mecánico de la MSP

Cuando un piso en Ponferrada valía 80.000 pesetas, había emprendedores que ganaban hasta 20.000 en dos meses embotando pimientos asados, lo hicieron con una máquina electrificada que De lo Nuestro Artesano acaba de convertir en una pieza de exposición

Raúl Valcarce y los cuatro hijos de Santos Martínez y Carolina Rollón, junto a la máquina embotadora que han cedido a De lo Nuestro ArtesanoANA F. BARREDO

Ponferrada

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Podría decirse que el origen de la industria agroalimentaria conservera moderna del Bierzo está en una máquina embotadora JK Somme que el matrimonio formado por Santos Martínez y Carolina Rollón adquirió en Bilbao en 1958 para el cerramiento manual de latas. Dos años estuvieron embotando a mano en hojalata en un negocio que empezó en los bajos de la vivienda familiar ubicada en el número 8 de la calle Hornos de Ponferrada. Eran mayoritariamente pimientos, pero también salsa de tomate, dulce de membrillo, pavías y peras carujas. Tal auge adquirió aquella actividad que las manos no eran suficientes y Santos Martínez, ajustador mecánico de la Minero Siderúrgica de Ponferrada (MSP), tuvo una idea que lo cambiaría todo.

"El trabajo era lento, duro y poco eficaz, ya que cada envase debía cerrarse de manera individual, pero sobre todo manualmente. Así que mi padre diseñó un modelo eléctrico motorizado a partir de un motor viejo de lavadora y un sistema de poleas. El motor incorporaba, a su vez, un ventilador para evitar su calentamiento en las horas de más trabajo", explicó uno de los hijos de aquel matrimonio de emprendedores, de nombre como su padre. Él y sus dos hermanos, Ramón y María del Carmen Martínez Rollón, han oficializado este sábado la cesión de esa máquina pionera a la empresa De lo Nuestro Artesano (Carracedelo), en cuyas instalaciones ya ocupa un lugar destacado como elemento expositivo.

Santos Martínez, el hijo de los propietarios originales, explica el funcionamiento de la máquina embotadora.ANA F. BARREDO

"Hace muchísimos años, se cerraba la nada despreciable cifra de 30.000 botes de pimientos al año", destacó Raúl Valcarce, propietario de la empresa que ha aceptado orgullosamente la herencia de los Santos Rollón. Aquella era ya una actividad económica importante, sustento de muchas familias. De hecho, Santos Martínez no reniega cuando dice que él y sus hermanos estudiaron gracias a lo que sus padres ganaban con los botes de hojalata, que por aquella se vendían, ya con producto en su interior, a entre cuatro y media y cinco pesetas el kilo. Sus padres cobraban una peseta o una peseta diez por el trabajo.

"Mi padre trabaja en la MSP y los ingresos que tenía en dos meses con esto superaban en cuatro veces lo que ganaba en todo el año en la MSP. Si de aquella un piso en La Puebla de Ponferrada valía 80.000 o 90.000 pesetas, de aquella igual mis padres sacaban 18.000 o 20.000 pesetas netas de la maquinita", apuntó Santos Martínez. Y es que en los momentos de mayor apogeo del negocio, entre 1960 y 1969, se llegaron a cerrar alrededor de 45.000 envases al año, entre septiembre y mediados de noviembre. Para entonces, el negocio familiar ya se había trasladado a la avenida de Compostilla de Ponferrada, donde permanecería hasta su cese de actividad en 1974.

La de los Santos Rollón fue la primera máquina embotadora que se automatizó en el Bierzo, pero ni Santos ni Carola tuvieron problema en compartir la idea y otros emprendedores imitaron aquel avance, que permitía cerrar latas nuevas y otras ya usadas, dado que la máquina permitía su reutilización. "Aquello sí que era un economía sostenible", subrayó Raúl Valcarce.

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Pimientos para El Pardo

Tal fue la fama de pequeña industria conservera de esta familia berciana que a casa de Carola llegó un día un encargo poco usual. En una ocasión, el director del economato de la MSP le encargó cien botes de pimientos dulces y otros tantos picantes para dar cumplimiento a un compromiso sin mayores explicaciones. "Mi madre los preparó como siempre y se los llevó al economato. "Para su sorpresa, le mandaron abrir dos botes de manera aleatoria para comprobar la calidad, la presentación y la limpieza. Ella se puso muy nerviosa pero todo se resolvió de manera satisfactoria y ella, extrañada, preguntó para quién era aquel encargo", recuerda Santos Martínez. Entonces no le dijeron nada, pero a los días se enteró de que la mitad de aquel pedido era para la despensa del principal accionista de la MSP, Conde de los Gaitanes, y la otra para Francisco Franco.