Arte para reivindicar

La retratista del Bierzo curtido

Las fotografías de Cristina Velasco subrayan lo cotidiano, lo rural, la tradición, el xeito de ser pueblo y las vidas que lo llenan

Cristina Velasco, en blanco y negro, rodeada de algunas de sus fotografías.CRISTINA VELASCO

Ponferrada

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Aunque nació en Villablino hace 31 años, la raíz de Cristina Velasco se hunde en el Alto Sil y esa querencia por el origen resume su trabajo. De madre de Palacios y padre de Valseco, creció entre la lumbre de una cocina bilbaína, las tripas de los chorizos, la braña, el olor a tierra mojada y la tizna del carbón. Y todo eso se siente en sus fotografías, que inmortalizan la cotidianidad rural, la vida sencilla, la fiesta más castiza, la emoción del Bierzo más puro, la verdad que cuentan quienes lo habitan, sean humanos o no. Cristina Velasco es la fotógrafa de lo invisible. No porque no se pueda ver, sino porque es parte de una rutina. Y ella la convierte en recuerdo.

Un rebaño de vacas, un samartino en una cuadra, tres panderetas, un mastín con carranca, una casa abandonada en Primout y el humo que sale de la chimenea de una cabaña en La Fontellada, un niño que arrea a las ovejas, las manos curtidas de un labrador, la calma de un hilandero de Matalavilla, un calecho, un cielo estrellado, un día sin sol y el fuego que tiñe de negro lo verde. Todo eso es el Bierzo que retrata esta fotógrafa, el más curtido, el más real, el que lucha por subsistir y no se sabe tan valioso.

Tres mujeres tocan la pandereta en una juntanza.CRISTINA VELASCO

«Estando como está pendiente de un hilo, el mundo rural tiene una manera brutal de resistir en el tiempo. Dentro de todas las dificultades y obstáculos a los que se enfrenta, siempre revive por algún costado», dice Cristina Velasco del entorno que retrata, en el que busca «lo real, algo que evoque un recuerdo, un olor, un momento que te remueva por dentro». Sean paisajes o personas. «Tan importante es la fuerza de la mirada de una paisana labrando el huerto, como las arrugas de sus manos y la tierra que pisa», dice.

Una casa abandonada en Primout.CRISTINA VELASCO

Como muchos que se fueron, ella volvió al principio para encontrarse a sí misma en un momento personal muy complicado. La enfermedad de su padre cambió su manera de ver el mundo y la acercó otra vez a casa. «Me centré mucho en fotografiar y grabar espacios y ambientes cotidianos, lo que me llevó a reencontrarme con mis raíces. Ahí me di cuenta de que lo que más me llenaba era mostrar lo real y lo cercano, plasmar recuerdos, procesos de vida y tradiciones». Además, abrió un taller de serigrafía atersanal en Villablino. Se llama La Olvidería y, precisamente, ella no quiere olvidar.

Olimpia trabajó en el lavadero de La Recuelga y posó para Cristina en el marco de un trabajo fotográfico en ciernes.CRISTINA VELASCO

Y en eso está, buscando el xeito entre quienes sostienen sus pueblos, queriendo darles voz sin decir ni una palabra, retratando su fuerza, su constancia, la certeza de lo pueblerino. Como la que se aprecia en el gesto de Olimpia mientras sostiene en sus manos unas piedras de carbón delante del lavadero de La Recuelga (Santa Cruz del Sil) en el que fue minera. Una imagen que forma parte de un proyecto fotográfico en ciernes («Mineras: Femenino plural») que pone en valor el papel de las mujeres en las cuencas.

Un ternero en la braña de Pedroso de Palacios del Sil.CRISTINA VELASCO

«Si lo miro de lejos, veo un Bierzo estancado. Por como está el mundo, en general, y por las pocas manos que se ofrecen a ayudar, en particular. Pero si te acercas y miras de verdad en cada pueblo y cada rincón detenidamente, ¡hay tantísima vida y tantas manos que te van a abrir sus casas!», asegura la retratista que ha encontrado en Laciana, el Alto Sil y su contorna un lienzo. No en blanco ni vacío, sino todo lo contrario. 

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Y de todo ese universo que ni es blanco ni está vacío, pero sí desamparado, Cristina Velasco elige un lugar: «Si me tengo que quedar con algún sitio, ahora mismo sin duda sería la braña de Pedroso (Palacios del Sil) a la que escapo siempre que puedo. Lo que siento allí no sé explicarlo. Mi tía dice que es cosa de ancestros, porque mi abuelo iba con el ganado monte arriba hasta esta braña. A veces pienso que lo escucho cantar alguna vaqueirada y ni siquiera lo conocí». Y esta aserción por sí sola ya explica por qué ella eligió el camino de regreso y el compromiso y no la huida.

Una mujer sostiene un botillo en un samartino familiar.CRISTINA VELASCO