Carmen Fidalgo, trabajadora social: "Un hospital más humano mejora la evolución clínica del paciente"

Fue la encargada de crear la Unidad de Trabajo social del Hospital El Bierzo a principios de los 90 y se jubila tras casi 40 años de desempeño para tratar de ofrecer al paciente y su familia una red de apoyo social

PLa trabajadora social Carmen Fidalgo empezó a trabajar en la sanidad pública berciana en 1987 y se jubilará el 8 de mayo.ana f. barredo

Ponferrada

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La labor de Carmen Fidalgo como trabajadora social del Hospital El Bierzo comenzó cuando este aún ni existía. Fue en 1987, en los servicios de Salud Mental y Planificación Familiar del antiguo Hospital Camino de Santiago. Casi 39 años después, la mujer sobre la que recayó la responsabilidad de crear la Unidad de Trabajo Social del centro asistencial berciano se jubila. Lo hará el 8 de mayo, satisfecha por los avances conseguidos para poder ofrecer una atención integral a los pacientes, pero consciente de que todavía quedan pasos importantes que dar. Entre ellos, la implementación de la plantilla de trabajo social para atender —dice— las necesidades crecientes de la población.

A principios de los años 90, a Carmen Fidalgo y a su compañera Nieves Alonso —las dos trabajadoras sociales del Hospital El Bierzo— les tocó desarrollar, desde cero, muchos recursos que en aquel momento no existían, con programas que «hemos tenido que ir adaptando, actualizando e innovando», explica. Y defiende el trabajo social sanitario como «una parte imprescindible de cualquier servicio de salud si lo que se pretende es dar una atención integral, ya que los determinantes sociales condicionan totalmente el bienestar de las personas».

Lo que un profesional de su perfil hace es «ayudar a enfrentar las dificultades emocionales, económicas y sociales que surgen durante el proceso de enfermedad, facilitando el acceso a los recursos y servicios necesarios para cada caso». Es, por lo tanto, un papel esencial dentro del equipo de atención médica. «Intervenimos en muchas áreas. Estamos en Urgencias, en Hospitalización, en Consultas Externas y también en centros concertados como el Hospital de la Reina o la unidad de hospitalización del Centro Valle de Laciana en Villablino y en la Unidad de Convalecencia Sociosanitaria», relata Fidalgo.

"Somos pocos profesionales para una realidad social cada día más compleja, por el aumento de la cronicidad, la edad y la dependencia. A menudo, no disponemos de tiempo suficiente para realizar la labor de apoyo psicosocial tan importante para que las personas puedan afrontar los cambios por la enfermedad"Carmen Fidalgo

La trabajadora social del Hospital El Bierzo reconoce que el suyo es, todavía a día de hoy, un trabajo con «una baja visibilidad pública» y «un reconocimiento desigual»; pero se ha avanzado mucho desde aquellas primeras veces como asistenta social que hacía visitas a domicilio: «Cuando llegamos a la casa, la mujer tenía la pila llena de platos y potas; creo que no había fregado desde que se le dijeron que iba porque, en cuanto entré, inmediatamente me puso el mandil en las manos para que empezara la faena», recuerda.

Entre sus funciones está la coordinación y gestión de los traslados a los centros concertados, a la Unidad de Convalecencia Sociosanitaria. Son ocho camas en la Residencia Mixta de Mayores de Ponferrada para personas dependientes que, tras un proceso agudo, están estabilizadas, pero necesitan cuidados médicos y de enfermería de baja intensidad y vigilancia durante la convalecencia, así como los cuidados personales asociados a la falta de autonomía. También se ocupa de la Neurorehabilitación intensiva para personas con Daño Cerebral Adquirido y de otros programas específicos, como temas de adopción, atención Temprana, las interrupciones voluntarias de embarazo, el plan funcional para personas con ELA, etcétera.

Para Carmen Fidalgo, el «diagnóstico social sanitario» es un complemento imprescindible para que el paciente reciba una atención y ayuda de verdad completa, «fruto de un verdadero trabajo en equipo». Por eso, defiende la necesidad de incrementar la plantilla orgánica de trabajadores sociales. En el caso del Hospital El Bierzo, el servicio está integrado por dos profesionales y una auxiliar administrativa, con el apoyo temporal de una compañera.

Carmen Fidalgo, en su despacho del Hospital El Bierzo.ANA F. BARREDO

«Somos pocos profesionales para una realidad social que es cada día más compleja, debido al aumento de la cronicidad, la edad y la dependencia. A menudo, no disponemos de tiempo suficiente para realizar esa labor de apoyo psicosocial, que es tan importante para que las personas puedan afrontar los cambios que conlleva la enfermedad. Debemos seguir mejorando en la continuidad asistencial para que, al recibir el alta, los circuitos de coordinación con los centros de acción social o la Atención Primaria funcionen con precisión milimétrica y no se produzca ningún retroceso en la situación social del paciente», asegura.

Un atención más humana

Además de la labor descrita, Carmen Fidalgo también preside la Comisión de Humanización de la Gerencia de Asistencia Sanitaria de Bierzo (Gasbi) y, como tal, es la encargada de poner en marcha las iniciativas derivadas del «Plan Persona», centrando la asistencia sanitaria en el paciente. «La humanización es fundamental porque no solo trata la enfermedad, sino a la persona en su totalidad (emociones, dignidad, contexto social). Para nosotros es el alma de una atención verdaderamente integral, un modelo organizativo y de atención que busca transformar los hospitales en espacios más amables, mejorando aspectos como el acompañamiento de las familias y la creación de entornos físicos menos hostiles para las personas», explica.

«Un entorno más humano influye positivamente en la evolución clínica, menos estrés, mejor colaboración con el personal, mayor adherencia a los tratamientos y genera confianza. Y no solo beneficia al paciente, también al personal, reduciendo el desgaste emocional y mejorando la satisfacción profesional», afirma la trabajadora social del Hospital El Bierzo. Una área sanitaria en la que —dice— «hemos avanzado de forma muy satisfactoria, ha habido una trasformación profunda en la cultura de humanización». También aquí hay retos y el más inmediato será «trabajar en el proyecto HU-CI, adoptando las recomendaciones y buenas prácticas de este, con la apertura de la UCI a la comunidad manteniendo medidas de seguridad». Y también «impulsar la participación de profesionales en los proyectos de comunicación y acogida».

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En definitiva, el objetivo es que «todo el sistema esté diseñado para prevenir recaídas y para que el paciente se sienta siempre acompañado y comprendido en su propia realidad social». Y para eso, «debemos trabajar para que el trabajo social sea cada vez más visible y cuente con los medios que la realidad actual nos está exigiendo», afirma Fidalgo.