Un histórico de pérdidas por efecto de las heladas, las tormentas y el granizo
La Marca de Garantía de la Cereza encara otra campaña incierta tras diez años de caída
La lluvia ha vuelto a comprometer la cosecha justo cuando arranca a recolección de las variedades tempranas
Una plantación de cerezos en el Bierzo.
La Marca de Garantía de la Cereza del Bierzo encara una nueva campaña incierta por culpa de las últimas tormentas. Otra vez la lluvia agua el inicio de la recolección con riesgo de agrietamiento del fruto y caída de la producción. Sería la décima campaña de malos resultados para un sector que no remonta justamente desde que se aprobó el sello de calidad, en el año 2016. Heladas, granizo y lluvias están detrás de los malos resultados. «En estos años, hemos tenido de todo», lamentó el gerente de Alimentos de Calidad del Bierzo, Pablo Linares.
Hasta el momento, las previsiones no eran malas. El cerezo había florecido y cuajado bien y hay cantidad. El problema es que, con las lluvias, el fruto absorve demasiada agua y la piel no da de sí y se raja, echándose a perder. A ello hay que sumar el granizo que cayó en abril en las zonas más altas de Corullón y en Arganza. Las afectadas son las variedades tempranas —el 90% Burlat— que se empiezan a recoger en la primera quincena de mayo. «Las tardías todavía están verdes, duras y no absorven agua», explica Linares. De media estación hay hasta siete variedades diferentes y la Francesa es la mayoritaria entre las que se recogen más tarde.
Cuando se creó la Marca de Garantía en el Bierzo se recogían entre dos y dos millones y medio de kilos de cereza. Había empuje en el sector, también con el surgimiento de la Cooperativa de Rimor, y la puesta en marcha del sello de calidad animó a los fruticultores en un momento de cambio y de cierta profesionalización a través de varias acciones formativas. Se empezó a plantar. Pero la primera campaña con certificación ya fue nefasta. «No tuvimos casi cosecha», recuerda Pablo Linares. Y así hasta 2019. «Fueron años desastrosos» en los que se recogieron una media de 200.000 kilos. «Una ruina total», resume.
Bajo rendimiento
A partir de 2020, las producciones aumentaron con moderación y las dos últimas campañas, las de 2024 y 2025, fueron las mejores de la serie histórica, con unos 750.000 kilos de cereza recolectados. Un cifra que, en todo caso, dista mucho de esos 2,5 millones de kilos de producción potencial del Bierzo.
Este contexto de pérdidas ha provocado que todo aquel impulso positivo que llevó a la creación de la Marca de Garantía se haya frenado. «Ahora mismo, no hay plantaciones nuevas de cerezo en la comarca y se están dejando las de propietarios que se jubilan. No hay relevo ni apuesta por la cereza en las empresas», relata el también director técnico de la Marca de Garantía, que apunta que quien más está «tirando del carro» actualmente es la Asociación Agroalimentaria de Corullón.
En pleno retroceso, no hay soluciones tecnológicas para mitigar los efectos de la climatología que valgan. Las mallas antigranizo también son útiles frente a las lluvias, pero «en el Bierzo tenemos plantaciones muy pequeñas y no es rentable de ningún modo», asegura Pablo Linares. Eso solo sería factible si el sector fuera a más y se empezaran a hacer plantaciones más grandes; pero a día de hoy, no se contempla. Además, la cereza sigue siendo una segunda actividad, por detras de otros frutales —en el caso de los agricultores profesionales— o de otras actividades laborales.
De la industria al consumo en fresco
La creación de una Marca de Garantía para la cereza del Bierzo empezó a valorarse en torno al año 2010, coincidiendo también con los inicios de la cooperativa Agrimor en Rimor (Ponferrada). El objetivo era darle un empuje a un sector de arraigo en la comarca que había retrocedido ante la imposibilidad de cubrir los costes. Entonces, la mayoría del fruto se destinaba a la industria, para su transformación. «Helios cargaba mucho para mermeladas», asegura el gerente de Alimentos de Calidad del Bierzo, Pablo Linares. Pero la subida de los costes de producción y de la mano de obra llevaron al abandono de los cerezos y con la creación del sello de calidad, la idea fue el consumo en fresco.
Las acciones formativas de aquellos años se centraron, sobre todo, en buscar un cambio en las técnicas de cultivo para poder ganar rentabilidad, como la poda para recoger el fruto desde el suelo y, así, ahorrar en costes de mano de obra. Entonces, se retomó volvió a plantar y también se inició el proyecto de recuperación del cultivo en Corullón, recuerda el propio Linares. En 2016 se creó el sello y ese año se produjo el primer golpe severo a la producción.