El inicio de los trabajos solo depende ya del Consejo Técnico de la Memoria Histórica
La búsqueda de la memoria rota de once asesinados vuelve al alto de Ocero
Sputnik Labrego tratará de localizar dos fosas comunes en uno de los puntos rojos de la represión franquista en el Bierzo con la financiación de la Junta de Castilla y León
Los nietos de Primitivo Abella y Domingo Antonio de la Fuente, junto a monolito.
Tres nombres gravados sobre granito negro en un cruce de caminos en el alto de Ocero (Sancedo) recuerdan que hay muertos sin descanso bajo la tierra removida para dar más terreno al asfalto y a las repoblaciones de pinos. Ahí, en un punto señalado en rojo en el mapa de las fosas de la Guerra Civil y la postguerra españolas, siguen los asesinados por el fascismo. Hace ya 20 años que un grupo de familiares promovió la colocación de un monolito y, aunque son tres los recordados, hay muchos más. La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) trató de localizarlos en unos trabajos iniciados en 2008, pero erró porque —según recogen los informes de aquella actuación— no se abarcó todo el terreno posible. Ahora, Sputnik Labrego volverá a intentarlo. Ya tiene todos los permisos, solo falta la autorización del Consejo Técnico de la Memoria Histórica de la Junta de Castilla y León. También los fondos, 22.400 euros concedidos por la propia Administración autonómica que se repartirán en dos intervenciones, porque son dos las fosas que se buscan.
El testimonio de Abilio, un pastor de Ocero ya fallecido, cambió el escenario unos años después de la primera incursión de la ARMH y situó las fosas en zonas donde ésta no llegó a intervenir. «Dijo haber visto dos, una en el verano de 1936 y otra, en otoño de 1937», explica el historiador y miembro del equipo directivo de Sputnik Labrego, Alejandro Rodríguez, que reconoce la dificultad de poder dar con los cuerpos de los represaliados por lo modificado que fue el terreno, especialmente en los años 60 y 70; pero resalta que «la búsqueda también forma parte del proceso de reparación de la memoria democrática, para tratar de dar una respuesta definitiva a las familias» que todavía buscan a sus abuelos.
Una de esas nietas es Menchu Monteira. Su madre fue una de las impulsoras de la causa social para localizar las fosas comunes del alto de Ocero y falleció sin respuestas. Nunca quiso hablar del asesinato de su padre, Domingo Antonio de la Fuente, hasta la recta final de su vida. Lo máximo que, durante años, les dijo a sus hijas es que había muerto en la guerra; pero «cuando surgió la ARMH vio un hilo de esperanza y empezó a contar lo que nos había ocultado de nuestro pasado», dice Monteira. Lo confesó por escrito más de 70 años después de que pasara. Tenía 9 cuando su padre, un minero que trabajaba en explotaciones de Diego Pérez en Fabero, desapareció para siempre y 80 cuando verbalizó lo que llevaba años apretándole el estómago.
Domingo Antonio de la Fuente.
Sputnik Labrego buscará a Domingo Antonio de la Fuente y también a Primitivo Abella, que fue teniente de alcalde del Ayuntamiento de Fabero. Saben que ambos están ahí, como también tienen referenciados a seis mineros de Peranzanes. «El primer grupo, asesinados a finales de agosto de 1936, procedía de Lillo del Bierzo. Son Primitivo Abella, Francisco García González y Benjamín Fernández Álvarez. El segundo grupo, asesinados entre finales de octubre y primeros de noviembre de 1937, son Domingo Antonio de la Fuente, Isidro Fernández Sal, Donato Fernández Ramón, Ubaldo Álvarez, Rosendo Martínez Gavela, Manuel Cerecedo Martínez, Fernando Gavela Cerecedo y Pedro Fernández Ramón», explica Alejandro Rodríguez, que dice que es muy posible que todos procedieran del frente y se entregasen en el cuartel de la Guardia Civil de Fabero o Vega de Espinareda. «Era un proceso muy común, que después de entregarse fueron asesinados extrajudialmente, es decir, desaparecidos», relata. Guímara, Langre y Lillo del Bierzo eran sus lugares de procedencia.
Primitivo Abella.
Además de ellos, «tenemos otros que no podemos encuadrar todavía, ya que los datos son pocos», apunta Rodríguez. Y da el nombre de José Espinete, vecino de Camponaraya que «sabemos que fue asesinado en la zona gracias al Archivo de Emilio Barcia Merayo que nos ha facilitado la Asociación La Peñina de Fabero».
La intención de Sputnik Labrego es poder iniciar los trabajos en el alto de Ocero este verano. Prevé dedicarles entre dos y tres semanas, en función de si aparecen restos o no. Las subvenciones obtenidas (15.700 y 6.700 euros) se destinarán a los trabajos arqueológicos y técnicos, la maquinaria y los análisis forenses y genéticos llegado el caso; así como a la restauración de las zonas de intervención.
Todo para tratar de poner fin a décadas de «silencio, temor e indignidad que le han hecho vivir a toda una generación», asegura Menchu Monteira.