El Bierzo quemado se enfrenta al invierno con miedo a nuevas escorrentías

La Confederación Hidrográfica Miño-Sil advierte de la inviabilidad de eliminar por completo la llegada de cenizas a los ríos, ya que la superficie ardida es enorme y hay muchos kilómetros de cauces que reciben aportaciones

Situación actual del río Meruelo en Molinaseca, uno de los más afectados por los arrastres este verano.l. de la mata

Ponferrada

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Los incendios que ha sufrido el Bierzo en los dos últimos años han tenido una consecuencia grave y muy visible en ríos y arroyos, colmatados de ceniza, lodo y madera quemada. Los espisodios de Fornela, Bouzas, Manzanedo de Valdueza y Carracedo de Compludo o Molinaseca, asediados por escorrentías provocadas por las lluvias torrenciales registradas durante el verano, han sido un anticipio de lo que puede ser la temporada de otoño-invierno, con el incremento lógico del volumen de agua y un suelo seriamente debilitado, sin capacidad de agarre. La comarca encara con incertidumbre la llegada de la época de más lluvias, una vez que los trabajos realizados para prevenir avenidas no pueden abarcar todo el terreno quemado.

Los ríos Meruelo, Cúa, Ancares y Cabrera han sido los más afectados por arrastres de los montes quemados. Cauces en los que se ha intervenido, en mayor o menor medida, para resolver el problema y tratar de anticiparse a nuevos embistes. El objetivo de as actuaciones realizadas hasta el momento ha sido «reducir y amortiguar los efectos de los incendios sobre las captaciones destinadas al abastecimiento de agua, contribuir a la recuperación del medio y retirar la madera quemada existente en los cauces, con el fin de reducir el riesgo de incidencias durante episodios de avenida», explican fuentes de la Confederación Hidrográfica Miño-Sil.

No obstante, «dada la enorme superficie afectada, cubierta en buena medida por cenizas y materiales susceptibles de ser movilizados, y el elevado número de kilómetros de cauces que reciben las aportaciones procedentes de numerosas vaguadas y pequeñas cuencas, no resulta técnicamente sencillo ni viable eliminar por completo la llegada de cenizas y otros materiales a la red fluvial», reconoce el organismo de cuenca, que explica que las medidas adoptadas sí «permitirán reducir y amortiguar estas aportaciones, especialmente durante episodios de lluvia de intensidad moderada, y contribuirán a una recuperación más rápida de las condiciones y dinámicas naturales de los cauces».

Faro y la práctica totalidad de los pueblos del Valle de Fornela quedaron aislados porque una crecida monumental del río se llevó por delante la carretera y en Fabero, Vega de Espinareda y Cacabelos, el arrastre lodos y madera afectó seriamente a sus zonas de baño. Lo mismo pasó en Molinaseca y Bouzas y Manzanedo de Valdueza —donde dos mujeres fallecieron— han sido declaradas zonas gravemente afectadas por las riadas. Una consideración que se ha pedido también para Carracedo de Compludo, donde varios vecinos permanecieron aislados durante días.

«Los incendios forestales alteran de forma importante el comportamiento hidrológico de las cuencas. La pérdida de cubierta vegetal reduce la capacidad del terreno para retener agua y proteger el suelo, favorece la escorrentía y aumenta el riesgo de erosión. Como consecuencia, las lluvias pueden arrastrar hacia los cauces no solo ramas, troncos y restos vegetales, sino también cenizas, sedimentos y otros materiales procedentes de las laderas. Por ello, el problema no debe abordarse únicamente desde la perspectiva de la posible llegada de madera a los ríos, sino también desde la necesidad de reducir la erosión del suelo y recuperar la función protectora de la vegetación en las cuencas afectadas», explican fuentes de la Miño-Sil, que inciden en que su «ámbito de actuación se circunscribe a la franja correspondiente al dominio público hidráulico, no siendo competente para intervenir directamente sobre las laderas».

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Por eso —explica— se ha trabajado en coordinación con la Junta de Castilla y León, competente en materia forestal, «actuando de forma simultánea y coordinada la Confederación en los cauces y la Junta en las laderas».