FRAGUA DE FURIL Manuel Cuenya

Las ETT se están yendo al carajo

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León

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El negocio de las ETT, al parecer, se está yendo al carajo, y por ende están desapareciendo estas empresas espectrales. La estafa que aplicaban a los pobres trabajadores ya no será la misma. Eso es lo que se dice, aunque habría que verlo, palparlo, vivirlo en propia carne, ponerse en el pellejo del trabajador temporal, que sigue ganando el pan que el diablo amasa. Un pan que, por lo demás, sigue sabiendo a horno de esclavitud, a caldera infernal. El infierno son los otros, como bien nos dijera Sartre en Huis Clos. El infierno son los empresarios sanguijuelas, los capitalistas resabiados, que aspiran a amasar grandes fortunas. Aquel 20% del salario del trabajador, con que se quedaba la empresa gamberra y usurpadora, temporal y putera, ya no será posible habida cuenta de la nueva ley que entrara en vigor hace unos tres años. ETT siempre me ha sonado a extraterrestre. Las abreviaturas, en ocasiones, se prestan a múltiples lecturas. Uno debe tener cuidado con las siglas que pone a su negocio. No vayan a ser malinterpretadas por algún duende abusado y perverso y te conviertan el negociete en un antro de dudosa reputación. ETT suena a extraterrestre terrorífico, a película de Viernes 13, a Superman tirano, monstruoso. España, que es un país farandulero incluso en asuntos de trabajo, cuenta con un desorbitado número de parados en su cuenta corriente. Las estadísticas mienten como bellacas acerca de los desempleados que existen en nuestro país. Ya no nos fiamos lo que nos cuentan. «España va bien» fue una ocurrencia de mal gusto. España va bien, y aun mejor, si la comparamos con algunos países africanos, que sobreviven o sobremueren en la puta miseria. Pero España no va nada bien si la comparamos con Suecia, Holanda o Alemania. Casi siempre -siempre, no jodamos-- salen beneficiados los mismos jijos de la tiznada, untados de guita cual si estuvieran embadurnados con grasa de cerdo en tiempos de San Martino. Gochos gordos, que no saben en que gastar sus cuartos. A algunos les sobra manteca y lana, y otros -siguen siendo mayoría-, no tienen ni donde caerse muertos. Perra vida para aquellos que no tienen ni un mendrugo de pan tieso que llevarse a la boca. Quien no trabaja es porque no quiere, se oye por doquier. ¿Trabajar en qué, y para quién?, nos preguntamos. ¿O es que éste sigue siendo un país tercermundista en el que la explotación es el pan nuestro de cada día? Siempre habrá gente que no quiera dar un palo al agua, pero haylos que aun sin rozar ni el palo ni el mango, viven como Mahoma con el harén de misses que aterrizara hace algún tiempo en Nigeria. ¿Qué han hecho algunos para merecer esto? ¿Y lo otro?

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