Gabriel Álvarez, agresor del pedáneo de Quilós, tenía la intención de acabar con la vida de otro vecino cuando fue detenido
«Voy a matar a otro»
«Haced que toquen las campanas, que he matado a uno y ahora voy a matar a otro». Esta declaración no pilló por sorpresa a
Juan Basante muestra el lugar en el que tuvo lugar el jueves el apuñalamiento de Julio Voces
«El suelo quedó teñido de sangre, como si se hubiese desangrado un animal», refería ayer Juan Basante, vecino de la víctima. Nadie en Quilós se mostraba extrañado de la cuchillada que el jueves pudo acabar con la vida del pedaneo de Quilós. Los que conocen al agresor, la mayoría, destacaban ayer que no estaba bien de la cabeza. «Llevaba una temporada bastante mala. Tiene que ponerse una inyección al mes y en esta ocasión no lo había hecho», comentan. Sin embargo, muchos de ellos destacaban que cuando «te da un ataque de locura la arremetes contra el primero que te encuentras, y no vas a la callada a cargarte a alguien en particular». El vecino de Julio Voces explicaba que éste y Ricardo «el de San Clemente» se hallaban en el garaje del domicilio del pedáneo arreglando un arado cuando oyeron pasos. «Nos dimos la vuelta y vimos a Gabriel, que pidió a Julio que se acercara, que tenía que hablar con él. Julio fue hacia donde estaba y fue cuando le metió el cuchillo», relata Juan Basante. Los hechos se sucedieron rápidamente. Ricardo consiguió desarmar al agresor y pidió auxilio a la mujer de éste mientras Gabriel se alejaba tranquilamente del lugar. Sin embargo, poco antes de hacerlo, y ante la mirada atónita de los vecinos, cogió del hangar una maza con la intención de agredir al panadero, vicepresidente de la junta vecinal. Poco después llegaría al bar, para dar cuenta de su hazaña y dejar claras sus intenciones con la siguiente víctima. No tuvo tiempo. La Guardia Civil le detenía minutos después en su casa. Uno de los vecinos del pueblo cuenta que no es la primera vez que Gabriel tiene comportamientos de este tipo. «Fue por mi hace dos años. Alguien le fue con un cuento y me atacó. Después de eso cada vez que me veía torcía la cara, y eso que nos conocemos desde niños», recuerda. Los habitantes de Quilós tienen miedo a que vuelva a ocurrir. «No digas nada, no vaya a ser que cuando salga venga a por tí. Además, ya sabes que no te tiene simpatía; siempre anda diciendo que le engañaste», comentaba ayer uno de los habitantes.