PABLO JOAQUÍN GONZÁLEZ SUPERVIVIENTE DE LA CATÁSTROFE FERROVIARIA DE TORRE DEL BIERZO
«Tuvimos que dejar a mucha gente en el túnel y resignarnos a que se quemaran»
Sobrevivió a la peor catástrofe en la historia de los ferrocarriles españoles, y después de medio siglo emigrado en Argentina, hoy vive en una residencia de La
Pablo Joaquín González Cordero, de 83 años, la pasada semana en el centro de La Bañeza
-Catorce de San Justo de la Vega viajábamos en el tren. Yo iba a Ponferrada porque trabajaba en la Sociedad Española de Montajes Industriales. -¿En la fábrica Matinot, no? -¿Conoce la Matinot? -Hombre, ya no está abierta, pero sé donde estaba. -Recién empezaba a funcionar entonces. Yo trabaja en administración, después de dejar el Ejército. Había estado destinado en la oficina de Mayoría de La Coruña, donde preparábamos las provisiones para el frente, y una vez queme licencié, trabajé en Astorga en montajes industriales. Cuando se abrió la Matinot en Ponferrada, allí me trasladé, y al poco tiempo, el día 4 de enero de 194.. -1944. (En realidad, el accidente sucedió el 3 de enero) -Yo había pasado las fiestas en casa de mi madre en San Justo. En la estación de Astorga nos subimos 14 del pueblo. Como venía el tren cargado y no se podía subir, yo eché a correr para subirme delante, pero el señor Serafín, que tenía la fábrica de chocolate en San Justo, me dijo «¡Pablo, Pablo, ven aquí!». Estábamos en el penúltimo vagón. -O sea, que si no es por su vecino, se hubiera subido usted en los primeros vagones, que se llevaron la peor parte. -Los destinos... -¿A qué hora se subió al tren? -Serían las nueve o nueve y media de la mañana. -¿Había nieve? ¿Estaba el día frío? -No, no había nieve, no estaba muy frío. -¿Qué sucedió después de que se subiera al tren? -Me agarré al estribo del coche donde iba Serafín. Y resulta que antes de Torre del Bierzo, en la bajada ya para Ponferrada del puerto, no recuerdo las estaciones, cambiaron la máquina. -¿En La Granja? -Sería La Granja, sí. -Iban dos máquinas y quitaron una, ¿no? -Sí, quitaron una. Nosotros que viajábamos unos pegados de otros, pues caramba, no sabíamos que les pasaba a los dos coches últimos. -¿Notaban que bajaban sin frenos? -No, no íbamos con frenos. En las curvas nos balanceábamos. Por una estación, antes de llegar a Torre, pasamos con una velocidad rápida. Se ve que el tren se tenía que haber detenido, pero iba con una velocidad tremenda. Yo observé que los de la estación corrían para dentro y se ve que dieron cuenta al próximo apeadero y que dieron también el aviso en Torre. Antes de llegar, pusieron calzas en la vía para hacer descarrilar al tren, porque en Torre, en la boca de aquel túnel maldito, había una máquina haciendo maniobras. -Querían descarrilar el tren antes de que chocara con la máquina. -Se ve que sí. -¿Y el tren iba tan deprisa que las calzas no sirvieron? -Las disparó. Saltaron al pasar. Y al llegar a Torre fue cuando... (se emociona). La velocidad era ya tremenda y fue cuando se produjo el choque. -Pasaron de largo por la estación de Torre. -No se detuvo para nada. Y en la boca del túnel había una máquina con dos vagones haciendo maniobras. Fue el primero de los choques. Y al momento otro más. Un tren carbonero que subía por el túnel. Fue casi a la vez. -¿Estaba entrando el tren carbonero por abajo del túnel a la vez que su tren lo hacía por arriba? -Exacto. -¿Y cómo sintieron el choque en los últimos vagones? -Quedó torcido el vagón donde yo iba. Se encaramó, fuera del túnel. -¿Había heridos en su vagón? -Heridos, si había, no eran graves. Era peor en el coche anterior. Yo me bajo del vagón y veo a una señora que viajaba en ese coche anterior al nuestro y que no podía salir. La sacaron. Llevaba dos nenas y yo se las bajé. Se oía un griterío en los asientos de hacia delante y en esto se bajan (de mi vagón) mis amigos de San Justo. Cuando ví aquello les dije «váyanse más allá, que yo voy a ver lo que se puede hacer en este coche». Ellos cruzaron el río y pasaron a la carretera. Cuando bajó la señora con las dos nenas vi a otra enganchada por las piernas. Yo tiraba de una y tiraba de otra... arrancaron las piernas. A una chica le arranqué la pierna. La saqué y la llevé para la estación. Otro señor estaba (atrapado) entre dos asientos. Le ayudó uno de los empleados de la estación con una barreta y lo sacamos los dos. Tenía las dos piernas rotas. El se me quería tirar cuando lo bajé. Me decía, «quité coño!, qué me tiene que salvar la vida». No se me olvida. Después empezamos a sacar cadávares, sacamos 16 y los pusimos todos en fila junto a las vías. -¿El tren estaba ardiendo? -No, aún no. Resulta que en ese mismo coche, delante, estaba el bar o el café, en la esquina de la boca del túnel. Y en esto que vemos fuego. Una explosión de fuego. Llevaría gas o petróleo para la cocina. Cuando ví semejante... Habrían pasado de diez a quince minutos. -Entonces el fuego no se debió al choque. -«Ahora que hacemos», dijimos. Mucha gente estaba enganchada. A una chica le arranqué la pierna (para sacarla). Es que.. dejar asarse a las personas vivas, retorciéndose.... (hace una pausa con los ojos humedecidos). Quisieron arrancar el tren para atrás con una locomotora de la estación. Sólo arrancaron con el último coche, con lo demás no pudieron. Y allí quedó todo. Lo de atrás empezó a arder también. Lo que pudimos sacar lo sacamos. Yo estuve hasta las doce sacando gente. -¿A cuanta gente pudieron sacar? -Ya a última hora, los empleados de la estación trajeron palancas. Destrozamos todo. -¿Tenían el fuego encima? -Claro, luego se vino para atrás también. Y hacia delante no había nadie que pudiera entrar, aquello era el infierno, dentro del túnel, y vale más no recordar. -¿A cuanta gente sacaron? -Es imposible de calcular. -¿Decenas? -Sí, pero pocas. Había que dejarlos, resignarse a que se asaran. ¿Sabe lo triste que es? Casi prefería uno haber quedado allí con ellos (...). Catástrofe como aquella ya no puede haberla. Todo se combinó para que el desastre se produjera. Me dijeron después que el túnel estuvo ardiendo una semana. Claro, el otro tren llevaba carbón... Valía mil veces no haberlo vivido. Había allí una nena de dos o tres añitos, no más, y venía por el pasillo. Los padres quedaron allí, asándose. ¿Se lo puede creer? Ya no se podía pasar por las llamas. La bajé del coche, la tuve un ratito conmigo y se la dejé a un tratante de ganado de San Justo, para que se la llevara a Astorga. El padre y la madre quedaron quemados adentro. -¿Sabe como se llamaba esa niña? ¿Volvió a saber de ella? -No. Son momentos vividos que no... Vale más no haberlos vivido. -¿Usted no se hizo nada?, ¿ni un rasguño? -Nada, nada. -¿Cuanta gente iría en cada vagón? Antes decía que iban pegados unos a otros. -Más de cien, seguro. Y me parece que eran catorce vagones. -Nunca se ha sabido cuanta gente perdió la vida en el accidente. -No se podía saber. A mi, por ejemplo, no me cobraron billete. - ¿Cree que la mitad del pasaje se pudo quedar en el túnel? -¿La mitad?, más, mucho más. -Se ha especulado con que allí pudieron morir 800 personas. -Quién sabe si no fueron más. No cabía nadie en los coches. Íbamos todos de pie, en los pasillos, pegados unos a otros. -Y le pareció que el accidente se quiso silenciar entonces. Que era un tema del que no se quería hablar. -Más bien se quería ocultarlo. No creo que haya podido existir una catástrofe ferroviaria como esa. No creo. Fue la coincidencia de dos choques y luego el incendio. Yo me salvé. El destino de cada cual no podemos más que ignorarlo.