Publicado por
Manuel Cuenya
León

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Andan LOS periodistas italianos jodidos a resultas del poder que ostenta el primer ministro italiano, Silvio Berlusconi. No es de extrañar que los periodistas no se sientan a gusto e intenten plantarle cara al jefe de la banda, al capo, pues este tipejo controla los medios de comunicación como nadie. Y eso pone en serio peligro la libertad de expresión. Cuando alguien, como Berlusconi, es dueño de varias cadenas de televisión, amén de otras cadenas, la comunicación está viciada, contaminada, alterada... Y así no hay quien se entienda. Al final, el periodista no es más que un esclavo a las órdenes de un imbécil que se cree el centro del universo, cuando en realidad este último sólo es un mafioso al que alguien debería darle su merecido. Pero como vivimos en un mundo de puro cuento, descabellado y loquito, no hay quien le ponga el cascabel al gato. Hay demasiado cabrón pringado y mucho lameculos dispuesto a seguirle el juego al capo. El gregarismo, no lo olvidemos, forma parte de la especie humana-animal, una especie que es más tonta de lo que a priori podríamos suponer. Listillos y aprovechados, sin embargo, los hay hasta en las mejores familias. En estos casos, lo mejor es volver a Nietzsche. De vez en cuando conviene releer al filósofo alemán. Esto nos puede dar una idea de lo que somos y cómo nos comportamos. Deberíamos ser espíritus libres e independientes capaces de elevarnos por encima del vulgo, que siempre se comportará como un rebaño de ovejas. Nadie, en su sano juicio, debería someterse al yugo de alguien que se cree todopoderoso. No existe ningún ser todopoderoso, salvo que nosotros lo permitamos. A cualquiera se le pueden buscar las vueltas y las cosquillas. Si dios no existe, tampoco deberían existir seres que se creen divinos. La divinidad es un invento pernicioso. A quienes se crean divinos, no dudemos en bajarlos, a hostia limpia si ha menester, de las esferas celestes. . No permitamos, bajo ningún concepto, que alguien nos impida contar lo que debemos contar. Un poco de idealismo nos viene bien en estos tiempos groseros en los que el dinero, que no deja de ser mierda, es el dios infecto que manda y ordena. El oficio de periodista, sobre todo en algunos países, se torna ciertamente complicado. Cuando uno no puede comunicar lo que debe comunicar o no puede expresarse a su gusto y gana, el periodista deja de ejercer como tal, y pasa a ser una marioneta más de este sistema antropófago, que sigue funcionando como una apisonadora.

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