Siniestro total
El plan para el desarrollo turístico de Castilla y León, con varios proyectos en marcha en el alto Bierzo, quiere generar prosperidad y bienestar en los pueblos, potenciar el efecto multiplicador de la actividad turística, frenar el despoblamiento, reforzar la identidad local, preservar el entorno medioambiental de las cuencas mineras ofreciendo al mercado experiencias turísticas y de ocio singulares, gratificantes y de alto contenido vivencial. Haciendo tabla rasa de tan buenos propósitos, el nuevo trazado de la carretera Toreno-Pobladurade las Regueras, subeje del subcantábrico para unir el Sil con el Boeza, el Tremor y Omaña con la Magalena y para el trasvase de carbón entre Térmicas y el intercambio de materiales de minas entre León y Asturias, pretende atravesar ahora por el centro de las poblaciones, despreciando otras alternativas como la ofrecida en Rodrigatos, e incluso la circunvalación prácticamente hecha en Noceda, optando por una solución que los afectados, en escrito avalado con centenares de firmas y seguramente como primer paso o aviso, califican como políticamente incorrecta por hacerse contra la voluntad de los vecinos, económicamente ruinosa porque no sirve para los supuestos fines de la carretera según los propios empresarios mineros y socialmente nefasta porque destruye el hábitat rural, afectando también a lo que ahora denominan derechos humanos de tercera generación, como es el derecho al descanso y al disfrute de un medio equilibrado, al menos allá donde no haya otro recambio a la moribunda minería. Entre los buenos propósitos del Plan para conseguir lo que se atreve a denominar «rueda de la prosperidad», destaca el objetivo de «atraer más turistas que pernocten en los pueblos», pero nadie va a elegir como lugar de reposo un espacio , por muy rural que sea, transitado por camiones cargados de carbón. Circula por ahí una filosofía resumida en un nuevo parto de los montes que algún analista de la coyuntura primerizo ya ha puesto en letra impresa: «las carreteras son para unir a los pueblos» eslogan que sólo tres o cuatro incondicionales repiten como doctrinos. Las carreteras son... De acuerdo, señora, pero no por las gorjas, sino civilizadamente, sin entrar como un caballo en una cacharrería. Sabemos, que algún responsable público viaja, con la neurona sin cobertura. Pero algunos optimistas preguntamos, ¿hay alguien más ahí? Alguien con sentido común, capaz de evitar este siniestro total.