Publicado por
MANUEL CUENYA
León

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LA CASA DEL BOSQUE es un encantador título para un proyecto de turismo rural. Lo rural como forma de vida. Lo bucólico como algo que debemos recuperar, en busca de una vida más tranquila. Esta casa nos adentra en la arboleda de los sueños y nos ayuda a imaginarnos una lugar verde, espacioso, confortable desde el que contemplamos los atardeceres en las sierras de Gistredo y La Guiana. Gistredo y Guiana nos dan esa G giróvaga que nos hace girar como derviches mientras alcanzamos el éxtasis. Labaniego y su Casa del Bosque, Alfonso y sus proyectos, la vuelta a la aldea, luego de vivir en medio del asfalto. Qué grande eres, Alfonso. Personas como tú son las que necesitamos en este Bierzo bello y explotado. Gente capaz de devolvernos a la madre naturaleza -de donde acaso nunca debiéramos haber salido- y darle vida a esos pueblos que parecían ya acabados. Qué maravilla verlos resurgir de nuevo. A partir de ahora sabemos que este pueblo no caerá en el olvido. Gracias a ti, y con la estimable ayuda de la Universidad de León y el ayuntamiento de Bembibre, esta gran casa rural se convertirá en un paraje singular. En realidad, Labaniego siempre fue un lugar mágico, al menos para mí. Pero tú, con tus inquietudes y trabajos, lograrás, en el fondo ya lo has logrado, que esta aldea del Bierzo Alto, elevada sobre un montón de escombreras, sea un territorio aun más atractivo. Algún día tendrán que desaparecer las heridas que algunos empresarios atrevidos produjeran a la naturaleza. El Labaniego mágico al que hago referencia se remonta a mi infancia, cuando aún creía en los Reyes Magos. Uno estaba convencido que los Reyes entraban al Bierzo por Labaniego. La infancia es extraordinaria porque en ella tienen cabida todos los sueños y ensoñaciones. Esto dicho así podría resultar delirante. No importa, en todo caso, que esto fuera un deliro o una percepción de la realidad más o menos distorsionada de la infancia. Es probable que asociara el carbón con aquellos obsequios que recibían algunos niños malos. Pobrecitos. Se decía que cuando uno se portaba mal, los Reyes Magos te dejaban un trozo de carbón o el cagajón de la burra en la zapatilla. Qué crueldad. No sé si se me ha ido el santito al cielo, al cielo abierto, pero sólo quería decirte, Alfonso, estimado paisano, colega y amigo, que Labaniego siempre se me apareció como un espacio de cuento. La Casa del Bosque contribuirá a que este espacio sea aún más hermoso.

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