Publicado por
MANUEL CUENYA
León

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ALERTA en los montes bercianos. No acabo de creer que en la Sierra de Gistredo, en nuestra hermosa y venerada sierra berciana, alguien quiera plantarnos esos molinillos mutiladores, monstruosos, criminales, que espantan y arruinan a todo bicho viviente, incluidos los humanos. Me resulta infame, atrevido, asqueroso que alguien, en su sano juicio, consienta que se claven estos armatostes en el monte de nuestros olivos y rosas silvestres, en nuestra corporeidad hospitalaria y verde, donde la ternura inventa su prosa comestible y su infinito poético. La sierra de nuestros ensueños es sagrada, y nadie puede atreverse a violar su intimidad, a emborronar su belleza, su dignidad, su suerte. No podemos permitir, estimados paisanos, amigos, familiares, que nos emboben, acaso prometiéndonos el oro y luego el cagajón, quizá de burra pitopaúsica, que nos doren, en definitiva, la píldora del dulce sueño envenenado. Que nadie se crea de la misa a la media. Nada. Ver para creer en este universo hecho de perfidias e intereses caníbales, bastardos, este mundo disfrazado con la promesa fácil del aquí te cojo aquí te enchufo tanta electricidad como pelillos tengas en el culo. Electricidad a esgalla, energía gratuita. Que de este modo se embauca a quien se deja llevar por la baba de un gato. Nos os creáis nada de lo que os digan, prometan, compañeros de batalla, pues esos cabrones «molinilleros» están dispuestos a enchufaros, las cruces de Judas en el ojete de los aspavientos. Ventoleras que nos remueven la tripería. Y nos invitan a defecar encima de sus caretos. Ver para creer. Los avispados empresarios, sabedores de sus futuras ganancias, siempre estarán dispuestos a lavaros el cerebro con orujo, miel y vino. Mas no os dejéis embadurnar con esa miel que os acabará sabiendo a dinamita. Si lo único que nos queda es un paisaje mágico, y nos lo quieren afear, reventar, estropear, debemos defenderlo, con uñas y dientes, hasta la muerte. Es nuestro único tesoro en esta ínsula barataria, mil veces sangrada. Un parque eólico no pintaría nada bien en nuestro Gistredo lírico, en cuyo interior siguen sonando las arpas de la melancolía y los tambores del bosque encarnado del amor. Desde este regazo de Gistredo, que es Noceda, se me nubla la vista y se me oscurece el alma cuando dirijo la mirada hacia la llamada cordillera del puerto Manzanal. Es como si estuviera viendo cruces malditas y crucificados inocentes encima de un monte que ha dejado de serlo para convertirse en un horrible cementerio.

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