| Reportaje | La música de los apátridas | MEPIROLAUNI
Una canción para Aicha A Santa Bárbara, que truena
El grupo de pop rock danés Outlandish se presenta en Madrid dedicando su disco a la joven saharui que logró regresar al Bierzo después de dos años retenida en Tindouf
Aicha es una canción. Y también una mujer real. Una joven que durante dos años permaneció retenida por su familia saharaui en un campamento de refugiados a pesar de que su deseo era volver al Bierzo para estudiar una carrera universitaria. La canción, que en la década pasada popularizó el cantante argelino de raí Kaleb, la conocen muy bien en toda Centroeuropa porque una versión de rythm & blues del grupo danés Outlandish ha sido número uno en las listas de éxitos este verano. La mujer también es un rostro popular, al menos en el Bierzo, a donde consiguió regresar el pasado verano. La canción y la mujer se encontraron anoche en una discoteca de Madrid. Outlandish son tres hijos de la inmigración. El marroquí Isam Bachiri, el hondureño Lenny Martínez y el pakistaní Waqas Qadri se conocieron en 1997 en Coppenhage y ya había alcanzado el número uno en Alemania y Dinamarca con su tema Aicha cuando el pasado mes de agosto llegó hasta ellos la historia de la Aicha real. Demasiadas coincidencias para tres jóvenes que eligieron el nombre de «apátridas» para darse a conocer como grupo de fusión multiétnica. Tanto es así que Bachiri, Martínez y Qadri han decidido contar con Aicha Embarek para lanzar su disco Bread and barrels of water (pan y barriles de agua) en España y anoche dedicaban su trabajo a la joven saharaui durante la presentación organizada en la discoteca Pachá de Madrid. Aicha viajó a la capital de España acompañada, esta vez sí, por Miguel Yuma, el hombre que llegó a organizar la fuga de la joven del desierto argelino a los pocos meses de su retención y tuvo que volver sin ella. Convencida de que no necesitaban el lujoso alojamiento, ni los gastos del viaje que la discográfica estaba dispuesta a pagarles, la joven Embarek ha pedido al grupo que ingresen el dinero en la cuenta de los Amigos del Pueblo Saharaui de Béjar (Salamanca). Y el grupo, que este verano estuvo de gira con la cantante de Destiny Child, Kelly Rowland, ha respondido añadiendo un donativo extra por su cuenta. «Aicha ha elegido la ONG de Béjar porque los conoció durante el tiempo que estuvo en Smara (una de las zonas en que se divide el campamento saharaui de Tindouf)», explicaba ayer Yuma antes de que el periodista llegue a preguntarle la razón por la que no ha escogido a la misma asociación que funciona en el Bierzo y que mantuvo que la retención de Aicha era un problema entre dos familias. Bread and Barrels of water es el segundo álbum de Outlandish e incluye canciones en inglés, español, urdú y árabe. La crítica ha señalado su cercanía al sonido de Moloko o Manu Chao y los títulos de algunos de sus temas - Guantánamo , El Moro, Eyes never dry (Ojos nunca secos)- ya anuncian hacia donde apuntan sus letras. ANTEAYER, 4 de diciembre, se celebró la festividad de Santa Bárbara, patrona de los mineros, del cuerpo de artilleros y de todos los oficios y labores en los que se utilizan elementos explosivos. La cuenca berciana se atavió, espiritual y discretamente, con sus mejores galas y estoy seguro de que entre los más mayores de la zona, siempre en la onda santoral, algún Padre Nuestro o incluso El Ángelus de las doce se rezó con dedicatoria y petición a tan mítica doncella. Plegarias decadentes y añorantes de un tiempo pasado que económica y vitalmente fue mejor y que ya nunca volverá. Ahora somos europeos, dicen. Santa Bárbara, virgen y mártir pertenece a lo que los estudiosos denominan como santos diabólicos: mitos paganos o personajes que jamás existieron y que la iglesia adopta para su calendario. Algunos teólogos y doctos en hagiografías ejemplares mantienen que esta efeba nació entre los años 212 y 312, que su padre era pagano y que al enterarse de que la buena de Bárbara se había convertido al cristianismo, la llevó al juez quien ordenó decapitarla. Lo cierto acerca de la protagonista de esta columna proviene de eso tan español que se llama refranero y que popularizó a este místico personaje con lo de: «Nadie se acuerda Santa Bárbara hasta que truena». La moralina de tal sentencia suena a una verdad casi tautológica a juzgar por todos aquellos hijos de la mina que pueblan nuestra tierra, ya se encuadren entre apóstatas o bautizados, creyentes o agnósticos y ateos o ateos gracias a Dios. La situación actual de este sector, que llegó a suponer uno de los principales motores económicos de una España que ya no volverá, conlleva las desgracias y lamentos de centenares de familias en nuestro territorio que por unas cosas u otras jamás fueron felices. Las prejubilaciones, la progresiva desaparición de esta industria y la ausencia de la tan falsa como prometida reconversión laboral supone que truene a menudo en muchos de los hogares que vivieron y crecieron con los truenos de ayer. Por eso yo le pedí ayer a Santa Bárbara un milagro. Que nadie la recuerde en todo el año. Porque eso significaría que ya no truenan desgracias ni estrecheces. Dicen que la fé mueve montañas aunque mejor estaría que sacara carbón de ellas, sin peligro, saludablemente, a un coste razonable y relanzando todas aquellas zonas que parece que se nos va.