Publicado por
MANUEL CUENYA
León

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HABÍA escrito un artículo titulado El carro del bienestar, mas los demonios de la informática, que son unos hijos de la fregada, quisieron que aquel texto se fuera al carajo. Imposible recuperarlo Pido disculpas si os he torrado con esta letanía, tal vez algún día me flagele por ello. Mientras tanto, indagaré en mi subconsciente a ver qué sale. Y si no aparece el texto anterior, algo surgirá de esta fragua. El carro del bienestar hacía referencia a este carro de vida, ahora se dice tren de vida, que llevamos los españolitos, desde que nos dijeran que la economía va bien, y que vivimos en el mejor país del mundo. Como los españoles somos un poco amnésicos para lo que nos conviene e incomoda, olvidamos pronto que hace unos treinta años, y si me apuran veinticinco, el Bierzo era poco menos que un lugar tercermundista. Incluso me atrevería a decir que aquí se vivía peor que se vive hoy en Marruecos. No olvidemos que en muchas aldeas y pueblos del Bierzo Alto estábamos en la más absoluta miseria. El personal vivía en verdaderas chozas o pallozas, y las gallinas se paseaban tranquilas y desenvueltas por toda la casa, que en el fondo era de un solo cuerpo. No había divisiones entre cocina y habitaciones. La comida se hacía en el suelo, en el lumbre bajo, se decía entonces. Una lumbre que afumaba todo el espacio. Aquello era un infierno. Las casas no disponían de baños ni retretes, y la gente hacía sus necesidades en el prao más cercano. Las calles eran puro barrizal, y las noches se tornaban oscuras como un agujero de muerte. Impresionaba ver aquella negrura en las noches tristonas del invierno. Si uno tenía que ir a Bembibre o a Ponferrada a mercar, o al médico, sólo había un medio de transporte, el coche de San Fernando, unas veces a pie y otras andando. El que tenía una bici era un privilegiado, y el que disponía de un coche era el rey. Los taxis apenas existían. A algunas aldeas no llegaba -ni llega hoy- un coche de línea. Ahora hay muchos que se creen ricos porque tienen cuatro tierras y cinco «xaradales». Si estos seres supieran lo que significa ser rico, se morirían del susto. Han decidido subirse al carro del bienestar, antes lo hacían al carro de las vacas, quizá porque creen que algún día sus nietos llegaran a ministros de hacienda, diputados o senadores, incluso alguno habrá que ocupe la presidencia del gobierno. Votan a la derechona que los protege y amamanta cual loba capitolina. España es una loba que da dentelladas de placer a sus hijos predilectos.

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