Publicado por
MANUEL CUENYA
León

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EL PUEBLO, que está habituado a someterse al poder, ha dado muestras de solidaridad y valentía en estos últimos días. Y también le ha plantado cara a ese gobierno déspota y engreído que nos tenía agarrados por el pescuezo. El pueblo se ha unido en momentos de terror. Durante estos últimos años hemos vivido bajo un gobierno derechista, que en ocasiones nos hizo recordar a aquel franquismo vomitivo de nuestra tierna infancia. Entonces éramos demasiado jovencitos para enterarnos de que en España vivíamos mucho peor que en cualquier país del tercer mundo. Y que nos tenían a raya, bajo control, oprimidos y reprimidos. Entonces España era un país diferente al resto de los países europeos. Aquella España legañosa y folclórica no era aún Europa, aunque quisiera serlo. No les gusta a los «pepperoni» que los identifiquen con la vieja guardia, mas algunos, por fortuna siempre se salvan unos pocos, parecen como sacados de las trincheras guerreras del horror. No se fía uno mucho de quienes, bajo una máscara paternalista, mantienen a un pueblo sumido en ruido informativo, que nos acaba reventando los tímpanos. El pueblo, incluso algún simpatizante popular, se ha sentido traicionado por unos políticos que nos metieron en una guerra en la nunca debiéramos haber entrado. Pero nos la metieron a calzador, y muchos se la tuvieron que tragar con vísceras ensangrentadas como sobremesa. No está el horno para «bollearnos». Y mucho menos para hacerle la contra a los musulmanes cual si viviéramos en tiempos «cruzados». No olvidemos que alguna vez en la historia nosotros también fuimos judíos y árabes, quizá lo sigamos siendo, aunque algunos quieran aparentar otra cosa, y que en el fondo de nuestra alma cristiana y castiza anida una herida venenosa que supura en momentos de rabia. No es el momento de defender a los islámicos, sobre todo a los integristas, cuyos actos asesinos nos tienen aún en vilo, mas la guerra contra Iraq no era nuestra guerra, ni siquiera la de los gringos, que masacraron a una población civil en busca del tesoro ansiado. Ni armas de destrucción masiva ni nada. El pueblo español ha decidido, visto el panorama, botar a los derechones de la cúpula para darle una oportunidad a una izquierda que nunca podrá ejercer de tal, pues vivimos en un país brutal y asquerosamente clasista. Aquí hasta el más humilde se cree hidalgo o hijodalgo. No obstante, confiamos en que Zapatero, al menos, nos trate como a personas, y no como a borricos.

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