El Leñador ha adaptado su estética al paso del tiempo y al gusto de sus clientes

Publicado por
María Añíbarro
León

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Según dice su propietario, Enrique Pestaña, este negocio surgió fruto de la casualidad el cuatro de abril de mil novecientos ochenta y siete, desde entonces ha evolucionado en su estética, con afortunadas reformas de las instalaciones adecuándose al paso del tiempo. A Enrique le gusta su negocio, tanto ejercer de cocinero como atender a los clientes en la sala, esta satisfacción la ha sabido transmitir a su hijo, que actualmente está estudiando cocina y con el que intercambia impresiones sobre las vanguardias en la cocina y los nuevos gustos del consumidor. Define su cocina como tradicional y de mercado, aunque se deja ver en su carta ciertos platos más acordes con las tendencias modernas, conviven armónicamente los arraigados entremeses bercianos y los revueltos, con la sofisticada mousse de pato o los carpaccios. No se descarta el botillo en épocas menos calurosas y un excelente guiso de rabo de novillo con guarnición de patata, que según el día, puede ser de guisada o frita, esta última con más aceptación entre el público. El protagonismo indiscutible lo tienen las carnes, entrecots, chuletones, solomillos y lechazos al horno, aunque es posible encontrar si el mercado lo permite, excelentes pescados salvajes al horno, como la lubina salvaje. La carta tiene los mismos platos durante todo el año, lo habitual es llegar al restaurante y preguntar al camarero qué se puede comer ese día y dejar que le recomienden. En cuanto a los postres, son todos caseros, los más solicitados son la tarta de la casa, las tejas con helado y las cañas.

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