LA MOSQUERA
Celebración colectiva y festera Saraos vitivinícolas
Esta celebración colectiva y festera, deriva de un rito prehistórico de ofrenda compensatoria y acción de gracias a la divinidad de los bosques, de las primeras castañas de la cosecha. El día propio del magosto es el primero de noviembre, cuando los erizos, en su mayoría, están verdes y no han abierto espontáneamente y para extraer las castañas, tienen que ser pisados y abiertos con los pies. Los hombres prehistóricos consideraban que las castañas no eran frutos producidos por su trabajo, sino por la divinidad, y a ésta pertenecían. También se asaban y consumían en honor de algún santo patrón, y se practicaba en torno a Todos los Santos. La noche de difuntos se dejaban las puertas abiertas para que entrasen las ánimas a calentarse. «Hemos comido un magosto» es la expresión popular que hace referencia a los jóvenes que acudían al campo a recoger castañas. que luego asaban. ALREDEDOR del mitificado vino se ha creado un micromundo mediático en el que se va dejando de lado la materia prima, la esencia. Agencias de publicidad y comunicación, organizaciones y asociaciones profesionales de catadores, clubes de vino, Internet, una comunidad que vive por y para esta bebida y que hace cada vez más deseado e inaccesible este producto, que al fin y al cabo, conviene recordar que no es más que agroalimentario. Todo este intrincado mundo, hoguera de las vanidades, como a algún amigo mío le gusta llamar no sin razón, se manifiesta en toda su plenitud en los distintos saraos que se organizan a la sazón y por los que se pasean figuras mediáticas nacionales e internacionales, míticos elaboradores, recién llegados y toda una serie de exóticos individuos que conviven en este viejo y selectivo sector. Para muestra el recientemente clausurado Salón Internacional del Vino, que parece que no acierta nunca con la fecha apropiada para su celebración, si el año pasado coincidía con la vendimia, este año lo ha hecho en unas fechas poco acertadas, en plena campaña de Navidad, época de máxima concentración en las ventas en este sector. Un evento que se ha visto claramente ensombrecido por la pasada edición de la feria Alimentaria de Barcelona, impecablemente organizado y con gran repercusión en el exterior. Qué es lo que le ha ocurrido al Salón Internacional del Vino, en mi opinión, este año ha visto reducida claramente la participación de los expositores, no sólo por número, sino también en cuanto a grandes marcas, delegando éstas su presencia en su mayoría a las distribuidoras locales, síntoma claro de la falta de interés despertado. En cuanto a la asistencia de público fue escasa, en su mayoría hostelería de Madrid o lugares cercanos, y a pesar de presumir de proyección internacional, fueron pocas las visitas de compradores tanto privados como de monopolios extranjeros. El despliegue mediático impecable, no ninguno de los popes de la prensa especializada, con stand incluido, revistas consolidadas, títulos renovados, y nuevos proyectos. Quizá el éxito de este tipo de eventos esté sólo en la concentración y no en la dispersión, es decir, un evento anual que concentre a bodegueros, medios y compradores, con objetivos claramente definidos, que la multitud de eventos surgidos aleatoriamente y sin fundamento que se está dando en cada capital de provincia.