Publicado por
RAQUEL PALACIO
León

Creado:

Actualizado:

PODRÍA decirse que la finalidad del hombre sobre la Tierra es cuidar de ella. Todo lo demás son tangentes y desvíos. Esto, que debería estar claro, está tan turbio como el agua del río Sil. Hay un plan dinamizador para los montes de la zona de Compludo, que, lejos de ser necesario, es una simple adecuación a las subvenciones. Es decir, hay subvención, hay que hacer algo. De ello se encargan ingenieros, constructores y economistas, dejando a un lado a los biólogos, quienes, a mi entender, deberían encabezar el equipo. No es así, y sin ellos, el monte es una mera fuente de gestión económica. Un biólogo conoce, ama la naturaleza, y su única pretensión es dejar las cosas como están, sabedor de que por sí solas se conservan y se mantiene el equilibrio vital para especies animales y vegetales. Pero una de las intenciones de este plan es plantar pinos allí donde no había, lo cual se hizo ya bajo mandato de Franco en la zona de Foncebadón, desplazando rebaños y gentes, y sin haber aportado, hoy por hoy, beneficio alguno. Introducción de variaciones, alteración del estado natural. Hay que repoblar, pero se puede hacer bien, cuidando las especies autóctonas o dejando que el monte se regenere solo, porque lo sabe hacer y lo hace. Su mayor beneficio es poder disfrutar de él en estado puro. Ingeniería, la ciencia del ingenio. Ingenio que debería ser encauzado hacia conservar. Cuidar. Respetar. En medio de todo esto se encuentra Palacios de Compludo, sede de Tyto Alba, la organización ecologista perteneciente a la S.E.O. (Sociedad Española de Ornitología), y actualmente pendiente de un proyecto que obtendría la primera declaración de Parque Natural para el municipio. Excepción de esa moda rural que ha convertido esta palabra, antes humilde, en sugerencia esnob. Moda que borra encantos como el que tuvo Peñalba. Moda que conlleva sus perjuicios, como toda colonización. Fenómeno que puede ser enriquecedor si se hace bien, adecuándose, no adecuando. No se trata de luz de velas y a lavar al río, pero sí de asumir dónde se está y cómo funciona. Puede ser que no les guste, quédense entonces cerca de la ciudad, no pasa nada. Por quedarme aquí al lado, Rañadero (según el diccionario): camino de piedras o guijarros. Ya no. También el Castillo tiene plan. También subvenciones e intereses particulares. Bajo las miras de quienes quizás confunden responsabilidad con propiedad.

Cargando contenidos...