La señora Ángela
«HAY que querese, demoi, y sobre todo no mancase», acostumbraba a decir la abuela paterna del amigo Ricardo, esto es, la señora Ángela, nuestra vecina de la calle Los Moros en Noceda del Bierzo. Lástima que también la gente buena se muera. Era la señora Ángela una mujer con buen humor y muy trabajadora, como muchas mujeres bercianas que tuvieron que vivir una época harto negra. La guerra «incivil» y luego la posguerra dejó a una gran parte de la población sumida en la miseria. Entonces la vida en el pueblo, en el Alto Bierzo, por lo que me cuentan sobre todo mis padres, no era del color de las amapolas que crecieran en el lecho blanco y amoroso de las sonrisas, de las sonrisas incluso verticales, me atrevería a decir. Entonces la vida era algo así como un infierno en el terruño de los sudores y los trabajos excesivos, esclavos. De sol a sol trabajaban algunas mujerinas en el campo y luego llegaban a su casa baldadas y tenían que atender a una recua de rapaces. El padre, en la mayor parte de los casos, no tenía por costumbre hacerse cargo de la prole. Los retoños eran asunto de la mujer. Eran las mujeres quienes solían pujar por la casa y por los hijos. Los hombres, aunque trabajaran en el campo o en la mina, se permitían lujos que a las mujeres no les eran otorgados. Los hombres, al menos, iban al café y de vez en cuando se largaban a las ferias, con la excusa de mercar ganado. Estas ferias acababan siendo como viajes de placer. Si ahora la gente se quisiera, al menos un poco, y no se las ingeniara para mancar al prójimo, otro gallo nos cantaría. Pero ni en la época en que viviera la señora Ángela ni en estos tiempos de «arrehostio» se cumple el dicho de esta mujer. Habría que quererse más de lo que nos queremos, y sobre todo -esto es lo más importante- no hacernos daño los unos a los otros. Parece que de repente me saliera el cristianismo por la entrepierna. No se trata de comulgar con hostias de molino. Sólo pretendía sacar algo de humanismo de uno mismo. Aunque el hombre sea un lobo para el hombre siempre habrá gente como la señora Ángela, que crea en el afecto y en la bondad. Uno, a pesar de lo que nos cuenten a través de las «infobasuras», sigue creyendo en el afecto y la ternura. Y por más que nos digan que hay que ser un hijoputa, que si no te comen crudo, creo que lo mejor es mostrarse amable y cariñoso, incluso con aquellos seres patrañeros que no se merecen tal afecto. Recuperemos el sabio dicho de la señora Ángela, que en gloria esté, y apliquémoslo en la medida de nuestras posibilidades.