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ALEJANDRO J. GARCÍA NISTAL
León

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AL FIN llegó la sensatez a las filas de las principales fuerzas regionalistas, esto es, la UPL y el PB. Mucho nos temíamos, y aquí quedó constancia, de que el enroque en sus respectivas posiciones diese al traste con un posible pacto de cara a las elecciones locales y regionales. El Partido del Bierzo, con Iván Alonso a la cabeza, ha moderado su discurso que lo «entronizó» en el principal partido bercianista. El PB cuenta, como principal aval, su millar largo de votos en la ciudad de Ponferrada, así como unas siglas, una historia y una implantación comarcal bastante aceptable. En las primeras conversaciones con la UPL, en concreto con el presidente, Melchor Moreno, moderado y dialogante donde los haya, piden la integración de todos los afiliados leonesistas, el cierre de sedes y la desaparición de las siglas UPL en todo el espectro comarcal para integrarse en el Partido del Bierzo. Ellos se integrarían a su vez en la UPL en Los Guzmanes y Fuensaldaña. La UPL, por su parte, cuenta con la Alcaldía de Toreno y su representación en el Consejo Comarcal, como principal aval; además, tiene varios concejales repartidos a lo largo y ancho del Bierzo y decide, por ejemplo, el color político de gobierno de alcaldías como Villafranca... Pero además, los leonesistas, afirman que sólo ellos tienen presencia en Diputación y en las Cortes Regionales, por lo que a priori se sienten más «fuertes» a la hora de negociar. No quieren ni oir hablar de integración en el PB de todas sus huestes hasta el Manzanal, aunque ven bien el ánimo integrador de los bercianistas de cara a la Diputación y las Cortes de Fuensaldaña. Proponen la unión de siglas UPL-PB, Coalición Regionalista o algo similar, pero no pasan por sumarse al PB. Ahí está el punto muerto, el grado de inflexión. Los leonesistas tienen razón al argumentar su mayor peso representativo, mientras que los bercianistas saben que en Ponferrada, sobre todo, la UPL tiene que contar con ellos. Quedan aún dos años y de momento no hay prisa. Ambas formaciones sí quieren tener todo claro al menos un año antes. Existen además, empresarios de la zona que ven con buenos ojos este matrimonio político que recoja la sensibilidad social y realidad particular de la zona. Todo apunta a que la «guerra de siglas y de sedes» está servida. No sería de recibo una estructura paralela por lo pequeña y cara que resultaría seguir así. Los «dos grandes», PP y PSOE, siguen atentos este tema sin mayor preocupación. Y el resto. Pues eso. A restar.

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