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JOSÉ ÁLVAREZ DE PAZ
León

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MI AMIGO del alma, Demetrio Madrid, castellano-leonés de pro, muy crítico con la secular deforestación de nuestra tierra que nos ha traído el racionamiento del agua en pueblos que se apellidan de la ribera, del río, del pozo, del lago, de la fuente fría, solía decir, hace años, cuando el parque automovilístico era también escaso, que pecar en Castilla era un milagro. La verdad es que el milagro de la vida sigue produciéndose aún en las más adversas circunstancias, como así lo demuestra el nacimiento de un niño en la pequeña localidad de Cabanillas de San Justo, en Noceda del Bierzo, precioso pueblo medieval, apostado en las estribaciones de Gistredo en forma de majada, ahora atravesado por una carretera salvaje e inmisericorde. Que se lo pregunten, si no, al buenazo de Domingo, alcalde pedáneo, que trabajó sin descanso y sin éxito para evitar ese desastre ecoturístico contra el hábitat milenario. Los aguerridos padres de Marcelino, que así se llama la singular criatura, han hecho posible el milagro, peleando contra corriente, después de 18 años sin natalicio en un pueblo sin concejo, donde los únicos que juegan son los vencejos, sobre todo desde que el ayuntamiento de Noceda cerró las instalaciones deportivas conjuntas de San Justo y Cabanillas, por decreto de la alcaldía. Después de felicitar a mis amigos Bernardo y Josefina y a la abuela centenaria, quiero reflexionar, una vez más, sobre el futuro del mundo rural y la copiosa literatura de las diversas administraciones descoordinadas, pues mientras unos dibujan un espacio de futuro para acoger a los amantes de las nuevas formas de turismo rural, otros, que en realidad son los mismos, destruyen el hábitat milenario, rechazando las circunvalaciones, porque dicen, las carreteras son para unir a los pueblos. Mientras tanto se sigue teorizando sobre el mundo rural y su futuro, aquí o en Bruselas, propaganda o, en el mejor de los casos, buenos deseos, esperando a que se produzca el milagro. Al fin y al cabo, si después de 18 años ha nacido un niño en Cabanillas, será que las cosas no están tan mal como parece en municipios que, como Noceda, han perdido la mitad de su población en diez años, pues cuando las vacas iban por libre, suministraban leche a más de la mitad de ciudadanos de Ponferrada, y ahora que las vacas ya cobran una pensión mensual no contributiva de parte de la Unión Europea, han desaparecido las vacas, igual que las minas, los cultivos y los oficios tradicionales.

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