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ALEJANDRO J. GARCÍA NISTAL
León

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UN TOTAL de 65 periodistas fueron asesinados el año pasado, pero como eso sucedió muy lejos, aquí como si nada. Hace ocho días se celebró el Día de la Libertad de Expresión, recogida en el artículo 20 de nuestra Constitución, pero como eso suena a celebración grandilocuente y llena de buenos y lejanos deseos, aquí también como si nada, a nuestros temas de cada día, que son los que nos dan de comer y nos interesan. De un censo provisional de 150 profesionales de la información que ejercen en la provincia de León, tan sólo 40 aproximadamente tienen una remuneración digna, osea normal al del resto de los mortales, ni más ni menos, así como una relación contractual en regla, esto es, contrato. El resto sobrevive bajo las figuras de media jornada, contratos por horas, por días, colaboraciones fijas, colaboraciones puntuales, becarios, en régimen de autónomos a pesar de que su trabajo deriva de una sóla empresa informativa, multicolaboradores (que trabajan acá y acullá)...En fin, especies de todo pelaje y condición. Pero aquí no pasa nada, nunca pasa nada. Apoyamos a los mineros, a los pizarreros, a los médicos, sanitarios, padres de alumnos y al sumsum corda, menos a nosotros mismos. Eso por no hablar del elevado número de cargos intermedios y altos cargos en las redacciones y empresas informativas que carecen, no sólo de la licenciatura superior en Comunicación o Periodismo, sino de una mínima titulación o formación universitaria superior. ¿Sabían ustedes que el sueldo medio de un periodista por estos lares oscila desde los 600 a los 900 euros en su gran mayoría? Pero aquí no pasa nada, ¡qué va a pasar! ¿Se dejaría usted operar por un curandero? ¿Si Cáritas o el propio Ministerio de Asuntos Sociales cifran la pobreza como aquella unidad familiar donde entran menos de 600 euros al mes, dónde situamos a los «plumillas» y derivados? Las empresas informativas son, eso mismo, empresas, con propietarios que buscan no perder dinero sino ganarlo. Justo es. Pero existe una gran diferencia entre el editor de vocación y el editor que lo mismo posee un periódico, que una fábrica de ladrillos. A este último no le podemos hablar en terminos sociales e intangibles, de formación de opinión pública, de sensibilidad y de compromiso con la sociedad. Generar riqueza es necesario, también saberla distribuir. Hay jefes y hay capataces. Hay censura y autocensura. Para todo esto y más la Asociación de Periodistas, como el ave Fénix, vuelve.

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