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JOSÉ ÁLVAREZ DE PAZ
León

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EL DEPORTE participativo, esa actividad cultural necesaria para el desarrollo de la buena salud moral y física desde la infancia hasta donde el cuerpo aguante, ha celebrado su última gala en Ponferrada, una muestra del notable nivel alcanzado por nuestros deportistas, cada día más plurales, eficientes y cualificados. Aunque el fútbol sigue siendo el rey y buenas alegrías nos está dando, afortunadamente tenemos ya una oferta bastante diversificada, al gusto y las capacidades de otros deportistas. Pero lo más gratificante para muchos ha sido el recuerdo a dos deportistas recientemente desaparecidos, José Luis Sáez y Eduardo Domínguez. Cualquiera de los dos merecería protagonizar este espacio, por su amor y dedicación al deporte como un servicio a los demás. José Luis era mi amigo, lo que tampoco Es noticia porque será difícil encontrar en esta ciudad alguien con más amigos. Pero la columna de hoy la encabeza Eduardo porque fue para mí más que un amigo. Le conocí cuando era un adolescente abierto, participativo y rompedor. Aunque su vida ha sido breve, nuestra amistad viene de lejos. Seguía caminando y haciendo deporte cuando la muerte le pisaba los talones, él lo sabía sin perder la compostura. Había corrido tanto que su vida es de largo recorrido, pese a la muerte madrugadora. No se en cuantos maratones habría participado, porque lo suyo era eso, participar, probarse a si mismo y zambullirse en la naturaleza en su condición de montañero. Ganar o perder era secundario, esa era su alma de deportista y apasionado por las montañas del Bierzo. Han acertado de lleno los responsables del evento cultural que comentamos premiando a ambos, justo es reconocerlo, como otras veces esta columna ha sido crítica con ellos. Veo a Eduardo hijo recibiendo el testigo y el premio. Lo celebro con él y le digo lo contento que estaba su padre, una de las últimas veces que hablamos, con la graduación de su hijo, joven abogado. Conozco algunas vías y recursos naturales de los montes aquilianos porque Eduardo me ayudó a valorarlos más en largas jornadas de trabajo, en mi breve etapa de candidato non nato a la alcaldía de Ponterrada. Quería que desde el gobierno o desde la oposición hiciéramos todo lo posible por su puesta en valor y en servicio para todos los amantes del deporte y la naturaleza. Pensaba él y yo que lo más atractivo de Ponferrada no está en el centro de la ciudad sino en los bosques, praderas, montes, ríos y valles.

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