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JOSÉ A. ÁLVAREZ FIERRO
León

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EL CONGRESO de los Diputados aprobaba recientemente, y por unanimidad -sí, por raro que parezca en estos tiempos barriobajeropolíticos que corren-, la llamada «Ley de Mejora de la Protección de los Consumidores y Usuarios», que a priori viene a combatir la manifiesta y vergonzante indefensión que los unos y los otros padecen de manera insultante y con impotencia por parte, sobre todo, de los grandes conglomerados empresariales, que obtienen una porción nada despreciable de los beneficios de sus abusivas prácticas en el cobro de los servicios prestados y los malprestados. Ha hecho falta una ley para que uno se pueda dar de baja en los mismos términos que cuando se dio de alta; por ejemplo, en servicios de telefonía. ¿Por qué narices nos aceptan al instante y luego nuestra marcha se convierte en un peregrinar de requisitos y obstáculos? Y lo más irritante, tener que soportar que a uno le sigan pasando los recibos de cobro por un servicio que, tras haberte encomendado a todos los santos, has logrado dar de baja. ¿Y qué decir de la hora o fracción en los aparcamientos o de las curiosas tarificaciones en la telefonía móvil? Menuda jeta. Menos mal que esta ley viene a poner las cosas en su sitio para que a los consumidores y usuarios se nos cobre de una vez por el tiempo real y uso efectivo de los servicios. El parking por minutos y el teléfono por segundos. Se trata también de evitar esa curiosa moda, impuesta con la entrada del euro, del redondeo al alza porque sí. Pues no. ¿Y qué hay de las prácticas abusivas en la compra de una vivienda, de por ejemplo esas plusvalías que corresponden al vendedor y se trasladan al comprador? Como si hipotecarse de por vida ya fuera poco. Con esta ley también se pretende, pues, incrementar la protección del usuario corrigiendo este tipo de abusos. Estos son sólo algunos claros y lamentables ejemplos que esta nueva ley pretende erradicar y que el común de los mortales hemos venido soportando estoicamente, apoquinando mes a mes, y sufriendo en ocasiones la prestación de un servicio precario. Y encima hasta parace que hay que darles las gracias. Es una satisfacción, pues, que leyes de este tipo y calibre salgan a luz para poner coto a la desmesurada ambición empresarial. Y ya que es Navidad, pedir a los políticps que en 2007 practiquen más eso de la unanimidad¿ aunque haya elecciones.

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