Mensaje
MENSAJEROS de la Paz es una asociación creada hace más de cuarenta años, premio Príncipe de Asturias de la Concordia, patrocinadora del mismo reconocimiento para el obispo paramés y apóstol del oriente boliviano Nicolás Castellanos, que nos recuerda la existencia de treinta guerras olvidadas en el mundo, también la guerra de Irak, argumento suficiente para crear en Madrid un refugio para niños víctimas de las guerras activas en toda la tierra. El mensaje último de su fundador, no se si desde Irak o desde La Bañeza, estremece a cualquiera: ahora nos demandan en Bagdad más ataúdes que medicinas, afirma el padre Angel. Esa es la paz y prosperidad que prometieron los tres de las Azores con la esperada evolución de los precios del petróleo y los beneficios colaterales derivados de la reconstrucción de Irak. A propósito de la guerra preventiva escribí entonces que cuando acabara esta, desatada por la sed del petróleo, sus mentores dirían que ha llegado la paz y el propio tirano Sadam, ejecutado o más bien asesinado por un tribunal títere, advirtió antes de morir que desaparecido aquel régimen laico, muchos creyentes hambalitas y otros se alzarían desde bajotierra para castigar al invasor. Hoy Irak es un vivero importador y exportador de terrorismo internacional en un mundo menos seguro que antes. Por eso sorprende tanto la insistencia de Mariano Rajoy que respondiendo una de las famosas preguntas de la calle en TVE, sigue presentando aquella guerra preventiva como fruto de un consenso poco menos que generalizado, olvidando las advertencias de los inspectores de la ONU, la repulsa del Consejo de Seguridad, las reiteradas condenas de Juan Pablo II y el rechazo masivo del pueblo español. Mejor sería que, como el Sr. Aznar, reconociera que él tampoco fue lo suficientemente listo para darse cuenta del error entonces. Como no es la primera vez que oigo críticas a la condena selectiva de según qué clase de guerras, como si hubiera guerras buenas y malas, quiero dejar claro que para mí la anterior guerra llamada «crisis del golfo», bendecida por la ONU, el Papa y toda la izquierda europea, fue también una guerra sucia envuelta en el celofán de las lucecitas de la CNN, sin una sola gota de sangre en las pantallas, que alteraría nuestra buena digestión, qué indecencia. Cuando supe que los perros de Basora llevaban varios días devorando los cuerpos de los niños abandonados por las calles, voté en contra de aquella guerra en la sesión plenaria de Estrasburgo.