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MARÍA AÑIBARRO
León

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ESTE año ya pensábamos que nos íbamos a enfrentar a los calores del año pasado y a las indomables graduaciones de los vinos; la justificación no era otra que el cambio climático. Lo del cambio climático no me lo creo mucho. La mayoría de los viticultores suspirando porque no había forma de que la uva madurase, y para ennegrecer aún más el horizonte nos llegaron a mitad de este mal llamado verano, una serie de plagas que diezmaron aún más la producción. Pero, la naturaleza es sabia y en estos últimos días nos ha prodigado con sofocantes temperaturas cercanas a los treinta grados por el día y diez por la noche, que han hecho las delicias de viticultores, enólogos y feriantes. A estas alturas la mencía ya roza los quince grados, que han provocado nuevamente nervios en el negocio: vamos a vendimiar, no sea que ahora se nos pase de grado. Aunque aún es pronto para hablar, creo que esta añada va a dar vinos más equilibrados y elegantes que la añada anterior, jugando a ser adivina creo que va a ser una gran añada, aunque bien es verdad, que cada uno luego en su casa sabe lo que tiene. En la vecina Valdeorras se espera recoger un veinte por ciento menos de godello con respecto al año pasado, debido a la criba natural llevada a cabo por las enfermedades que se sufrieron durante el verano. Al igual que en El Bierzo hubo retraso en la floración, y un desarrollo lento y progresivo del fruto, debido a un verano de temperaturas muy suaves. En estos momentos la calidad de la uva es buena y nos encontramos graduaciones en torno a los doce y trece grados. También este año los godellos de Valdeorras se espera que sean vinos más equilibrados y con mayor acidez que el año pasado. Las enfermedades y el lento desarrollo, ha sido la tónica general en los viñedos europeos durante este verano. En Francia, la cosecha ha sido irregular. A diferencia de España en Italia este año el verano ha sido uno de los más calidos de los últimos años. Durante mi visita a la Toscana la primera semana de agosto, las temperaturas eran de cuarenta grados y la uva estaba totalmente madura. En Portugal, las enfermedades no dieron tregua a las viñas, algunos de los viticultores se vieron obligados a dar más de seis manos de tratamientos sin mucho éxito y como en España la vendimia ha llegado con retraso. Y es que como dice un viejo amigo mío, no hay ninguna vendimia igual, y al final todo se termina remediando.

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