Los ilustres
NOCEDA era un asentamiento de origen prerromano salpicado de pallozas humeantes cuando el tío Rastrojo plantó la suya en la calle de la Calzada, a la sombra de un gran negrillo frente a una charca donde cantaban las ranas. Antes de que el invento admirable de las cocinas económicas se extendiera por los tres barrios, Antonia la hija del tío Rastrojo, iba con una galocha en la mano a buscar brasas para la lareira. Luego fue creciendo en sabiduría y gracia, de modo que, según los más ancianos del lugar, fue una mujer culta y de fiar, que escribía y leía las comunicaciones entre las amigas y sus novios lejanos, con absoluta discreción y sin traicionarles nunca, aunque alguno de ellos a quien de verdad quiso fue a ella, la eterna historia de Chantecler. Id a llamar a la señora Antonia para que pase la velada con nosotros, decía mi abuelo cuando Gistredo arreciaba sobre la Veiga, lo que obedecíamos prontamente, pues la tía Antonia era un pozo de sabiduría que cuando regresó de la ceguera lo primero que hizo fue pedir libros y un periódico para leer. Durante su larga etapa de invidente, ella regentó su particular guardería infantil gratis total, a la sombra del rosal donde entretenía boquiabiertos y felices a los niños del barrio mientras sus padres atendían las faenas del campo y los ganados o preparaban al otro lado de la calle la masa buena del pan para todas las familias La segunda seña de identidad de la tía Antonia, añaden los más ancianos del lugar, fue que nunca dio que hablar, pues crió y educó a sus hijastros igual que a sus propios hijos sin distinción. Raro será el pueblo de España donde no haya visto la luz algún notable que pasado el tiempo logre subir hasta la local galería de ilustres.Cosa loable es que las colectividades grandes o pequeñas honren a sus mejores, bien sea en las artes, las ciencias o los oficios, aún con el riesgo de que se cuele algún heterodoxo, como pasa en el santoral. Pero hay otros ilustres que van de puntillas por la vida, sin realizar otra hazaña conocida que no sea la práctica constante de la honradez, la bondad a secas y la generosidad practicada con lo poco que tuvieron. Hoy quiere honrar esta silla baja a esos héroes anónimos que no tienen rostro, recordando la figura sabia y tranquila de la señora Antonia la Restroja y tantos que habrá por el mundo adelante