| Entrevista | Miguel Ángel Casado |

«Digo que tengo un cáncer de risa, porque no me creen»

El paciente alaba la sanidad berciana y sostiene que, como Maragall con su alzheimer, es bueno dar a conocer su enfermedad porque sirve para luchar y puede ser ilustrativa para la sociedad

Miguel Ángel Casado, fotografiado ayer en Orellán, sigue trabajando en el mundo del turismo rural

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M. Félix - ponferrada
Ponferrada

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Un día, te levantas por la mañana, vas al médico porque desde hace tiempo te molesta lo que crees es un bulto de grasa en el pecho que va a más, y tras analizar aquella masa el doctor es contundente y te dice lo siguiente: «Señor, tiene usted cáncer de mama». Esto le pasó a Miguel Ángel Casado, un político que fue peculiar cuando gobernó el Ayuntamiento de Borrenes, y que ahora, a sus 50 años, está al frente de la asociación de empresarios de turismo rural del Bierzo con la misma vitalidad. -¿Cómo se encuentra? -¡Ah, yo muy bien!. De cuerpo bien, y de mente también. Aquí influyen las dos cosas, primero una mente fuerte y luego que físicamente la cosa marche bien. -El ánimo es fundamental. -Sí, un 50% es el esfuerzo que tu hagas para quitarte esto de encima y superarlo. -¿Qué le pasó por la cabeza al escuchar el diagnóstico? -Lo primero, es en qué lío me he metido y se te viene todo encima; pero acto seguido, que tienes que tirar para adelante y luchar, y ellos te dicen cómo. -¿Cómo se encaja el saber que tiene un cáncer? -Primero, ¡jobar, qué pasada!, pero luego piensas que a mí esto no me puede tirar para atrás. Yo sigo estando igual que antes, incluso mejor, porque no fumo y apenas bebo. Me estoy protegiendo y la cabeza me funciona. -La primera reacción de la gente es que no le cree. -Sí, les digo que me están tratando de un cáncer de mama, y entonces todo dios se ríe. Y ahora, cuando me preguntan les digo que tengo un cáncer de risa, porque no se lo creen y los paisanos no entienden que pueda tener un cáncer de mama. Es una enfermedad fastidiada y no sé que da decir que tienes eso. -En este caso es valiente. Fue un alcalde peculiar, y ahora, como Maragall, que confesó su alzheimer, usted confiesa esto. -Precisamente los que hemos estado en cargos públicos y trabajando de cara al público, lo que no puedes hacer es estar engañando. Nunca engañé a nadie como alcalde y ahora tampoco tengo porqué hacerlo. Y también es un poco defensivo, porque si dices de mama, otro lo traslada al pecho y otro lo pone en el pulmón. Creo que es bueno decir, yo tengo esto y no me escondo de lo que tengo, y lo digo porque también puedo ayudar al contarlo a otros. -Incluso es pedagógico. -Sí, ilustrativo. Un conocido me dio las gracias, porque tenía un bulto, lo miraron y era grasa. -¿Con esta situación, la vida se ve con otro prisma? -Sí, se valoran más las cosas. ¿Qué tal el tratamiento? -Tenemos una sanidad en el Bierzo de primera. Son profesionales especiales, desde cirugía, a radiología y oncología. Todos.

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