El total es lo que cuenta
SI SABINA llegó a sentirse absurdo como un pato en el Manzanares, aquí estoy yo, pletórico, a punto de echar la casa por la ventana. Me da igual que el pan, la leche o los huevos se hayan puesto como las huevas de esturión. Me da igual que los contadores que marcan los euros en las gasolineras se muevan más y más rápido que los números de las tragaperras. Me da igual que me actualicen los impuestos con el IPC, pero, eso sí, que no me los suban. Me da igual que me echen del curro , total para lo que gano; aunque bueno, eso sí, estoy pagando a plazos el coche, el home cinema , la televisión de plasma, el portátil, un completo equipo de fitness que ni he estrenado y mi móvil de última generación -es que apenas tenía puntos-. Ah, y gracias a mi hipoteca, se me quita el hipo cada vez que veo el cargo de la letra en mi cuenta bancaria, o más bien palmaria -de palmar, me refiero-. Y se me olvidaba añadir que también estoy pagando el crédito que pedí en el verano para irme de vacaciones a cuerpo de rey. Y ya puestos, decir que hace días me compré la almohada cervical que anuncian en la televisión, y no sólo descanso mejor, sino que incluso he dejado de roncar. Si es que no puedo pedir más. Aunque si de pedir hablamos, que Gaspar, Melchor y Baltasar se vayan preparando. Y tú también Chalupa. Me da igual... bueno, más que darme igual, directamente paso de la política y de buena parte de sus pseudopracticantes, de los de la rosa y los de la gaviota, que siguen exhibiendo altaneros sus enconadas estrategias, cada vez más alejadas -vamos, en alta mar- de lo que la sociedad demanda. Aunque a ver si a la que habría que demandar es a la sociedad por no estar todavía preparada para recibir las magistrales lecciones de no pocas excelsas -más bien temibles mentes privilegiadas que habitan en el nirvana político de esta España-. También me da igual que haya quien pierda un referéndum popular y diga que la victoria del pueblo es una «mierda» y que su derrota es sinónimo de «coraje». A mí, mientras haya circo, el pan que lo suban hasta donde quieran; como si hay que decir que la sal es dulce y el azúcar salado. La verdad que el pueblo, entretenido y adormecido, es como mejor puede resultar vencido. No voy a ser yo el que levante la voz. Bastante tengo ya con querer que mi equipo no pierda, no expulsen de la casa a la parejita feliz y salga de la cárcel este buen hombre que seguro que no sabía lo que hacía cuando se metió unos milloncejos de más al bolsillo. Poco puedo hacer yo cuando, como dice el anuncio, el total es lo que cuenta.