Por mirar que no quede
HACE DÍAS que apenas como, tengo ansiedad y me cuesta conciliar el sueño, y cuando lo logro, tremendas pesadillas se apoderan de mí. Y no, no se trata de la depre navideña que a algunos, desde que un mal día la adolescencia se vio obligada a dejarnos, nos empitona año tras año. Tampoco se trata de las preocupantes circunstancias de tinte económico que, aunque todavía no han sembrado el pánico, sí han empezado ya a tocarnos los... bolsillos. Lo que me trae de cabeza, en un sinvivir, con una angustia vital que ha hecho saltar por los aires mi humilde estado nirvánico, es la terrible idea que se ha instalado en mi cabeza de que quizás "yo, ya no sea yo", sino que una falsa identidad me pueda haber acompañado desde la cuna. Espero no estar pasando por un estado delirante, pero por más que he releído las distintas palabras impresas en mi Documento Nacional de Identidad, no veo por ninguno de sus rincones el término "cazurro", en contra de lo que aseguraba en el pasado derbi futbolístico vivido en El Toralín entre la SD Ponferradina y la Cultural Leonesa un grupo de seguidores de ésta última, al exhibir una pancarta en la que textualmente, con patada al imperativo incluida, se podía otear: "Sois cazurros, mirar el DNI". Insisto, he mirado y requetemirado mi carné y no veo el término cazurro por ninguna parte. Y he sentido un profundo alivio al poder certificarlo, pues sin querer entrar en cuestiones de tipo territorial, cultural o identitario, tan sólo hay que recurrir al diccionario de la RAE para saber que cazurro/a significa, como se recoge en sus distintas acepciones: "Malicioso, reservado y de pocas palabras"; "Tosco, basto, zafio"; o "Torpe, lento en comprender". La verdad que, teniendo en cuenta estas lindezas, ni me identifico con ellas, ni creo que al menos la ciudadanía del Bierzo lo haga. Que por cierto, también me ha dado por buscar en el diccionario académico el término berciano/a, y lejos de toparme con cadenas de palabras poco o nada decorosas, su significado es bien sencillo: "Natural del Bierzo". Y para no quedar como un bercianista y/o antileonesista recalcitrante -uno es consciente de que a ojos de determinados sujetos es tarea prácticamente imposible-, soy de los que piensa y opina que el amor y la defensa de los valores de un pueblo no residen ni en el Rh, ni en rasgos físicos, ni en un trozo de papel plastificado, sino en su ejercicio y reivindicación sin necesidad de sacrificar el raciocionio y siempre desde el respeto.