| Reportaje | Crónica de un cierre anunciado |

El último aliento de Virgilio Riesco

La histórica empresa minera del Bierzo Alto desaparece después de 68 años de actividad. Un final silencioso para la que llegó a ser estandarte de la lucha obrera contra la reconversión

Un grupo de mineros sale con los vagones del pozo Mariángela, en Santa Marina de Torre

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Vanessa Silván - ponferrada
Ponferrada

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Virgilio Riesco echó el cierre definitivo el pasado 31 de diciembre en cumplimiento del Plan del Carbón. Un final silencioso y sin hacer ruido, muy alejado de los días en los que esta empresa, afincada en la localidad de Santa Marina de Torre, era el estandarte de las movilizaciones y de la lucha obrera contra los planes de reconversión minera. Y es que Virgilio Riesco marcó un antes y un después en el movimiento sindical de la comarca, con trabajadores convencidos de que en sus manos estaba defender sus puestos de trabajo y así lo hicieron. Al encierro en 1991 en las oficinas durante 27 días siguió un nuevo encierro en noviembre de 1994, esta vez a más de 200 metros de profundidad, en el pozo Mariángela. Sus protagonistas, ocho mineros -José Luis Ántunez «Fran», Joaquín Augusto «Quintero», José Antonio González «Pardal», José Luis Morán «Selo», Marino Jardino, Joao Carlos Seijas, Esteban Fernández y Manuel Ruiz- que representaban a una plantilla de unos 150 trabajadores que se negaban a quedarse en la calle ante el cierre que planeaba la orden ministerial de ese año. La presión obrera surtió efecto, reconoce ahora el que fuera miembro del Comité de Empresa, el delegado de CC.OO., Manuel Ángel Rey, y se logró el compromiso del Gobierno de buscar una opción empresarial que garantizara la viabilidad de la empresa y una salida digna para los mineros que se quedaron y también para aquellos otros que decidieron coger el dinero e irse. «La decisión de hacer el encierro rompió los esquemas de los propios sindicatos, tanto de UGT como de CC.OO., fuimos por libre. En otras empresas, sus propios trabajadores no lucharon por asegurar sus puestos de trabajo y el 90% aceptaron la baja incentivada, pero en Virgilio Riesco querían seguir en la mina», recuerda Rey. Despues del encierro, la plantilla de Virgilio se redujo hasta los 61 trabajadores. Aún así, la empresa sigue sin recuperarse económicamente -la deuda asciende a 3.000 millones de pesetas- y la familia Riesco vende finalmente la empresa a Luis FernándezRayo que, una vez se destapa el escándalo de la estafa en la venta de carbón a la térmica, la transfiere a Victorino Alonso que, en 2003, decide cerrar el histórico pozo Mariángela y llevar a sus trabajadores a Minex y Brañuelas. Desde 1939 Virgilio Riesco cerró con 18 trabajadores -16 han sido recolocados por Victorino Alonso y los otros dos se han acogido a la baja incentivada- y abrió un 17 de agosto de 1939 con sólo dos empleados, uno de ellos el propio Virgilio Riesco. Una empresa familiar que acabaría manteniendo a todo un pueblo, Santa Marina de Torre, que ahora siente las consecuencias de su cierre y la falta de actividad. En estos 68 años, han pasado por la empresa 3.168 trabajadores y 62 prejubilados. Llama la atención que fuera en los años de mayores problemas económicos cuando más grande era la plantilla, es el caso del año 1992 con 198 empleados para extraer el cupo anual que era de 60.000 toneladas -a excepción de 1993, cuando hubo un cupo extraordinario de 95.000 toneladas-. Pero Virgilio Riesco no sólo destacó por el movimiento sindical o por su carácter familiar -a pesar de superar el centenar de empleados- sino también por estar a la vanguardia y ser una de las primeras extractoras que apostó por la mecanización de los pozos, dentro de las posibilidades que había para las minas de interior. Por otro lado, y aunque ha habido que lamentar y llorar la muerte de compañeros, la empresa puede sentirse orgullosa de ser una de las empresas con menor índice de siniestralidad, siete muertos en casi siete décadas de actividad. En el recuerdo de todos Maximino Silván, José López, Pedro Rodríguez, Toño Niño, Dionisio Montero, Gervasio Alba y Tomás Arias.

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