Después de tres años de retraso, las obras comenzarán a ejecutarse a principios del próximo mes
La iglesia del Buen Pastor en el barrio de La Rosaleda estará lista en año y medio
El obispo de Astorga, colocó la primera piedra del templo, que costará más de 2,3 millones de euros
Decenas de feligreses acudieron a la cita
Después de tres años, los feligreses de la parroquia del Buen Pastor, en el nuevo barrio de La Rosaleda, ven por fin el paso definitivo para la construcción de su iglesia. Ayer, ante la presencia del obispo de Astorga, Camilo Lorenzo, se colocó la primera piedra del futuro templo, una placa que estará situada en el altar. Con un presupuesto superior a los dos millones de euros y un plazo de ejecución de año y medio, está previsto que las obras de esta nueva iglesia ponferradina comiéncen a principios del próximo mes. «Han sido tres años duros, de trabajos muy intensos, pero hoy se inicia una nueva etapa», destacó el párroco del Buen Pastor, Máximo Álvarez, que apuntó que a pesar de que aún no existía el templo como tal, la parroquia ya tenía a casi un centenar de niños en las clases de catequesis, 20 de los cuales harán la comunión en breve. El obispo de Astorga precisó que la complejidad del proyecto había retraso un poco la ejecución de las obras, pero que era necesario «que los arquitectos hicieran un trabajo que gustara a la Iglesia». Sin embargo, Camilo Lorenzo dejó una cosa clara: «No puede haber más retrasos», conocedor de las preocupaciones del párroco. El concejal de Fomento del Ayuntamiento de Ponferrada, Luis Moreno, apuntó que la nueva iglesia se sumaba al crecimiento constante de este nuevo barrio ponferradino. La placa colocada ayer, a modo de primera piedra y que estará situada en la zona del altar, guarda un cofre con monedas, periódicos, símbolos de la parroquia, estampas y hasta un detalle para recordar el buen momento de la Ponferradina, pendiente de la fase de ascenso. Ahora los bancos A pesar de carecer de templo, los feligreses de la parroquia han celebrado desde hace tres años sus liturgias y sus ritos en la calle. «La fe no puede desaparecer por estar en el siglo XXI», remarcó el párroco en su discurso. Los miembros de la parroquia tampoco dejaron escapar la oportunidad para reclamar al obispo, una vez conseguido el templo, los bancos de la iglesia y el resto de mobiliario necesario para que la iglesia pueda albergar las celebraciones eucarísticas.