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JOSÉ ÁLVAREZ DE PAZ
León

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AHORA que la FAO y la OMC dan la espalda a los cultivadores directos, mirando para otro lado y no para los 850.000 millones de personas que mueren de hambre en el mundo, mientras Nestlé y Carrefour, entre otras multinacionales, anuncian más beneficios para sí mismas, debido a que la producción y la distribución de alimentos básicos son objeto cautivo de mercado no libre sino atado y bien organizado, más después de la decepcionante cumbre de Roma que acaba de recetar más de lo mismo para los desheredados. Ahora que sabemos por el informe último de Cáritas interparroquial que en el Bierzo ha crecido un 15% el número de los pobres hasta alcanzar la cifra de los 12.000 personas, parecería casi una provocación reclamar la atención de los lectores sobre el abandono de animales domésticos. Pero una cosa no quita la otra, siendo precisamente ahora cuando la TVE empieza con las ofertas de vacaciones de campo y playa, cuando el abandono masivo se produce hasta alcanzar la cifra de 100.000 mascotas abandonadas en España, cosa que no ocurre en otros países de nuestro entorno. Es este un fenómeno muy nuestro, debido a que los animales de compañía están en el libre mercado a merced de adquisiciones compulsivas, irreflexivas o caprichosas. Aquí se compra o se regala un perro a salto de mata para luego endosárselo a los padres o los abuelos o dejarlo abandonado en la carretera al inicio de las vacaciones, por no disponer de un espacio propio para el animal. Otros al terminar la temporada de caza lo cuelgan de un árbol, con total impunidad porque las normas legales son pocas, dispersas, no homogéneas en todo el territorio y de muy rara aplicación por los jueces y los tribunales, pese a los accidentes de tráfico y los problemas sanitarios que comportan esos abandonos. De lo que no tenemos estadísticas, mientras circulan peregrinas teorías sobre los supuestos peligros de la esterilización de los animales, siendo todo lo contrario para una larga vida y mejor bienestar de los mismos. Tampoco hay estadísticas sobre los beneficios sobre la salud y la calidad de vida de muchas personas de acogida, su aporte de felicidad a las mismas y de la economía en su conjunto. Quizá sea este el momento de mentalizarse antes de tomar algunas decisiones que desembocan en el abandono delictivo, inmisericorde con el animal e insolidario con el conjunto de la sociedad. Antes de adoptarlos hay que hacer números y pensar a quien se le va a endosar el marrón.

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