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ESTER FOLGUERAL
León

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EN LAS redes sociales digitales importan más las causas que los dogmas. Es un espacio abierto y plural que ya algunos políticos intentan colonizar, aunque sea antijerárquico, dinámico, regenerador. Se opina, se informa, se comparte, se crea, se organiza, en torno a intereses comunes y desde nuevos códigos. Interesa lo cotidiano y lo personal; interesa la realidad local pero con una visión global. La gente se une por causas afines, y muchas veces desde la libertad del anonimato opina sobre lo que pasa en el mundo o lo que pasa en su pueblo. Los comentarios a la Fiesta de la poesía de Villafranca, en miradas3, son un ejemplo de voces críticas. El debate social-político-cultural está cada vez más en la Red. Y aquí ardemos bajo el sol, o temblamos bajo la granizada nocturna que destroza los frutales. También podrían hacernos temblar las viejas caretas, el frío de las máscaras del poder. Pero para no morir de ese frío tenemos las leyendas y tradiciones, y por un rato, la gente brinca alrededor del fuego, y reímos, con la risa salvadora del niño travieso que aún somos a veces, cuando vemos a las señoras apuradas guardando sus tiestos, y es que, los jóvenes que salen de la niñez recorren la villa con remolques para cumplir con el rito, para llevarse las macetas a la plaza, donde los buscarán por la mañana los que se despistaron o los que no conocían la tradición. Reímos porque aquí, bajo las estrellas, los amigos se tienden la mano en la necesidad, los perros olfatean las huellas de otros perros, un anciano bromea con su nieto, y los estudiantes de secundaria regresan contentos de su viaje de fin de curso a Europa, esa Europa que gira y gira y ahora pretende que trabajemos 65 horas a la semana. Dignidad, dijo el poeta que nombra la verdad en Villafranca durante el homenaje a Antonio Gamoneda. «Dignificar la condición humana», dijo Juan Carlos Mestre, con su voz más pausada y sentida, pero no menos firme. Dignidad, sí, porque seguimos siendo quienes fuimos, aunque el tiempo ya canse nuestros huesos, y porque queremos seguir estrenando «la juventud caliente de la risa», como cantó en el acto el berciano Amancio Prada. Y que la miseria de la envidia sea para quien la trabaja. Y la paz y la sabiduría para quien las trabaja. Y porque importan las causas, no los dogmas. En los grandes sillones del poder, todos los nombres propios pasarán, pero la vida sigue jugando a llevarse los tiestos a la plaza del pueblo.

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