| Reportaje | Del mar a la comarca |
Pinchos y marisco
El parque del Plantío acoge la feria de la tapa, en la que se podrán degustar por tres euros todo tipo de aperitivos y el sabor de Galicia estará los días de fiesta en el aparcamiento del Museo del Ferrocarri
Crepo y López Riesco ante la gran tabla de pulpo de la feria del marisco
«No hay fiesta berciana en la que la gastronomía no tenga trascendencia», declaró ayer el alcalde de Ponferrada, Carlos López Riesco, tras inaugurar a la una de la tarde la feria del marisco. Previamente, una hora antes, la presidenta del Patronato Municipal de Fiestas, Mari Crespo, había dado el pistoletazo de salida a la feria de la tapa. «El componente gastronómico de las fiestas de la Encina ya está en marcha». La feria de la tapa, ubicada en el parque del Plantío, cuenta este año con doce puestos «que deleitarán con platos sorpresa», destacó la popular Mari Crespo. Por su parte, desde la asociación de Hosteleros Siglo XXI, José Antonio García García señaló que el precio será este año de tres euros «porque se ha aumentado la calidad y la cantidad». Los puestos de la feria se han distribuido en una calle más del parque, son dos más que el año pasado, y los hosteleros esperan superar, «si el tiempo acompaña», los 30.000 tíquets vendidos el año pasado. Los puestos se abrirán al mediodía y permanecerán abiertos hasta la tres de la tarde. Después, los fogones volverán a encenderse a las siete y ya no cerrarán. Tanto la feria de la tapa como la del marisco, situada en el aparcamiento del Museo del Ferrocarril, estarán abiertas hasta el final de las fiestas de la Encina, el día 9. Entre el olor que salían de las cazuelas del pulpo, López Riesco destacó la importancia del componente gastronómico y la mejora de la oferta con respecto a las fiestas del año pasado. En esta edición, el gran plato desde el que se sirve el pulpo tiene casi un metro y medio de diámetro y desde el se distribuyen 60 kilos. Los mejillones, las almejas, las gambas o las cigalas forman parte del menú que se ofrece bajo la carpa, que también alberga a charangas para animar a los ponferradinos entre plato y plato.