LA GAVETA
Mirones
EN CASA, de niño, oí hablar alguna vez de Mirones. Más tarde supe que era arquitecto: cuando vi su nombre en el cartel que había en una obra. Lo que nunca supe fue quien era Mirones, físicamente. Misterios menores. Pero lo que importa es que Mirones fue el arquitecto más relevante y copioso de la Ponferrada del Dólar. Fue, además, arquitecto municipal durante tres décadas. En tiempos de barbarie política y cultural. Toda esa labor de Mirones es ahora motivo de una exposición en el museo del Bierzo. Una buena idea, sin duda. Que contribuye al conocimiento de la ciudad a través de los bocetos, planos y trabajos del esforzado y meritorio Mirones. Él fue el principal autor de la Puebla actual, el que más edificios firmó. No por ello es el único responsable de que esa zona céntrica carezca de todo valor arquitectónico. Eran tiempos de poco dinero y se hacía lo que se podía. La Puebla era y es una nada arquitectónica y eso que ha mejorado lo suyo en las últimas dos décadas. Una mejoría de viales, fuentes y servicios porque las casas aquellas ahí siguen. Aunque las modernas, en general, son más vistosas. El otro día lo pensaba: ¿qué edificio tiene la Puebla mínimamente memorable? Le daba vueltas y, dejando a un lado la torre de la Rosaleda -que no es la Puebla clásica, sino una periferia moderna de la misma- no encontré ninguno. ¿Usted sí? Me gustaría equivocarme pero no creo que exista construcción alguna en esa gran barriada que posea el menor interés artístico. Todo es anodino y rudo, como de ciudad de los Urales en tiempos de Stalin. Luego caí en que hay dos monumentos peculiares en ese barrio, que es el mío: los templos de San Ignacio y de San Pedro. Dos edificios aparatosos y feos, aunque la falsificación de San Ignacio parece más armónica. La iglesia de San Pedro es un artefacto hosco, sin gracia ninguna. Al parecer, Mirones -que fue su creador- concibió algo más bello, pero la falta de dinero acható torres y empaquetó de vulgaridad el vasto recinto religioso. No hay nada, no, en la Puebla. Aunque tampoco es grave porque la ciudad tiene un casco histórico bello y remozado, donde reside su innegable y creciente atractivo. Y dicho esto, caigo ahora en que sí hubo un monumento de cierto interés en la Puebla: la iglesia vieja de San Pedro, donde hice la primera comunión meses antes de que entrara la piqueta. Aquella iglesia rural, con su atrio donde los hombres iban a fumar y a estar en misa sin estar -para no pecar, supongo- tenía su encanto.